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La China de Xi-Jinping mostró sus músculos al mundo

  • Foto del escritor: Telediario Digital
    Telediario Digital
  • 4 sept 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 5 sept 2025

Por Pablo M. Wehbe | La excusa fue aprovechar la reunión del Consejo de Cooperación de Shanghai para celebrar el 80ª aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, con la capitulación de Japón el 2 de Setiembre de 1945. Pero fue más que eso. Mucho más que eso.



El último día de agosto y el 1º de septiembre mostraron a un Xi-Jinping junto al líder indio, Narendra Modi, y al ruso Vladimir Putin departiendo amistosamente en varias reuniones. El encuentro sirvió, además, para fortalecer los vínculos económicos y militares entre Rusia y la India, ésta última golpeada por los aranceles de Trump por comprar petróleo ruso.


Es llamativo, además, que Modi pisara nuevamente China luego de siete años; es que las torpezas de la Administración Trump lograron que India aceptara los planteos de la diplomacia china en el sentido de “apaciguar los ánimos” en el Himalaya -donde no hace mucho hubo un enfrentamiento armado entre ambos Estados-, e inclusive Pekín garantizó la libre movilidad desde y hacia India por cuestiones religiosas.


Debe destacarse que este encuentro sirvió, además, para ser el escenario de una reunión de más de una hora en la limusina de Vladimir Putin entre éste y Narendra Modi, presumiblemente para aceitar los vínculos económicos y el compromiso de Moscú de continuar convirtiendo a Nueva Delhi en uno de sus principales mercados de armamento.


Al igual que lo viene haciendo con todos sus países limítrofes, China aplaza los problemas territoriales a cambio de mejorar los vínculos económicos y comerciales. Inteligente decisión: cuando los vecinos tengan sus economías interpenetradas con China, será más difícil endurecer posiciones cuando se trate de renegociar acuerdos fronterizos. Y en el caso de la India, Modi había quedado molesto por las actitudes de Pekín hacia Pakistán. Luego del último enfrentamiento a raíz del atentado en Cachemira, China se volvió a comportar como un Estado con fuerza -y credibilidad- para mediar y proponer soluciones imponiendo treguas. Modi, de todas formas, usa gestos para mostrar su despecho: mientras Trump se ufana de “haber evitado una guerra nuclear” (sic), le impone aranceles del 50% a India -que no puede contrarrestar, a diferencia de China-, pero solamente del 12% o 15% a Pakistán, su eterno enemigo.


Pero el 2 y el 3 de Setiembre visitó Pekín el líder norcoreano, Kim Jong-un, el que fue acompañado de su hija (probable sucesora, según cierta prensa internacional). Se los vio a Xi-Jinping, a Putin y a Kim reunidos amablemente y conversando mientras observaban el impactante desfile de las fuerzas militares chinas en la Plaza de Tiananmen.



Con esa foto en la mano, el Presidente Trump no resistió a su manía de expresar sus sentimientos y opiniones sin filtro ni reflexión a través de su red social. Expresó su deseo de “Que el presidente Xi y el maravilloso pueblo de China tengan un gran y duradero día de celebración. Por favor, transmitan mis más cálidos saludos a Vladímir Putin y Kim Jong Un, mientras conspiran contra los Estados Unidos de América”. En cuanto al discurso de Xi, dijo que se sentía decepcionado porque EE.UU. no había sido “reconocido por ayudar a China a conseguir su libertad”.


“El presidente Xi es amigo mío, pero pensé que Estados Unidos debía haber sido mencionado anoche durante ese discurso, porque ayudamos mucho a China, muchísimo” (texto citado en La Vanguardia). Debe presumirse que se refería a Japón, su estrecho aliado político, económico y militar luego de esa confrontación global.

Lo interesante fue que quien tomó el micrófono para rechazar la teoría conspirativa echada a correr por el magnate norteamericano fue el asesor de Putin, Yuri Ushakov, quien consultado por un medio internacional negó cualquier conspiración. “Nadie estaba conspirando, nadie estaba tramando nada, ninguna conspiración. Es más, ni siquiera se les pasó por la cabeza, ninguno de estos tres líderes pensaba en ello”.


Tal vez ese sea el más duro de los mensajes para el cada vez más solitario habitante de la Casa Blanca: que los principales líderes asiáticos hayan tenido una reunión con impacto global y en la cual “ni siquiera se les pasó por la cabeza” pensar en los Estados Unidos.

Probablemente ese sea el más preocupante signo de los tiempos por venir; un hegemón en clara decadencia, en un mundo posiblemente encaminado hacia una difícil multilateralidad.

 

 

(*) Pablo M. Wehbe es doctor en Derecho, especialista en relaciones internacionales. Además es profesor en la Universidad Nacional de Río Cuarto y en la de Villa María. En televisión, es columnista del programa “Argentina en Noticias” de Telediario Televisión

 
 

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