G-FB8DD12N61 Donald Trump y la desmesura del poder
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Donald Trump y la desmesura del poder

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    Telediario Digital
  • hace 3 horas
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Por Pablo M. Wehbe | La política del siglo XXI ha encontrado en la desmesura no solo un estilo, sino una forma de supervivencia y dominio. En las figuras de Donald Trump y Nicolás Maduro, el concepto de hybris —ese orgullo excesivo que desafía los límites— se manifiesta como un motor que ha reconfigurado el orden hemisférico. Aunque situados en polos ideológicos opuestos, ambos comparten una visión del poder que desprecia el matiz institucional y prioriza la personalización del Estado. En este inicio de 2026, la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Maduro han llevado esta dialéctica del exceso a su punto de máxima tensión histórica.



Para ambos líderes, el ejercicio del poder se ha definido por la colisión constante con los contrapesos democráticos. Donald Trump ha consolidado un modelo de gestión que ignora las normas no escritas del decoro republicano, sustituyéndolas por una retórica de dominio directo. Su reciente decisión de ejecutar la "Operación Martillo" en enero de 2026 para capturar a Maduro, eludiendo consultas profundas con el Congreso y basándose en una interpretación expansiva de la autoridad presidencial, es el corolario de esta desmesura.


Por su parte, Nicolás Maduro transformó la resistencia en una forma de absolutismo. Durante más de una década, su permanencia en el poder se basó en el control total de los órganos judiciales y militares, ignorando resultados electorales y la presión internacional. En Maduro, la desmesura fue defensiva: la creación de un sistema donde la supervivencia del líder es equivalente a la supervivencia de la nación.

La comunicación en ambos casos ha sido un arma de saturación. Trump ha utilizado los medios y redes sociales para construir una realidad donde el éxito se mide por la magnitud del impacto: muros, aranceles masivos y operaciones militares calificadas por él mismo como "un show televisivo increíble". En su cosmovisión, lo que no es grandioso es irrelevante.


Maduro, en contraparte, utilizó la retórica de la "revolución permanente" y el asedio externo para justificar el desmantelamiento de las libertades básicas. Su lenguaje, impregnado de epítetos contra el "imperialismo" y amenazas de fortalecer milicias populares ante cualquier disidencia, creó un estado de movilización constante que agotó el tejido social venezolano. En ambos líderes, la verdad es secundaria frente a la narrativa de poder; la desmesura verbal es la herramienta para mantener a sus bases en un estado de agitación perpetua.



El escenario actual de Enero de 2026 muestra las consecuencias de estas trayectorias. Con el secuestro de Maduro y el compromiso de Trump de "dirigir" Venezuela hasta una transición incierta, se ha instaurado lo que él mismo llama la "Doctrina Donroe". Esta es una versión potenciada de la Doctrina Monroe, donde el dominio estadounidense en el hemisferio no admite competencia de potencias extracontinentales como China o Rusia, ni tolera regímenes que desafíen su seguridad nacional.


Este ejercicio de poder desmesurado ha generado un vacío legal y diplomático. Mientras aliados regionales como Argentina celebran el fin de lo que consideran una dictadura criminal, otros países y organismos como la ONU advierten sobre la ilegalidad de las intervenciones unilaterales y el riesgo de convertir a Venezuela en un protectorado de facto.


La desmesura de Trump ha chocado frontalmente con la desmesura de Maduro, resultando no necesariamente en una restauración democrática inmediata, sino en una nueva fase de incertidumbre geopolítica. Es que ya no interesa lo institucional, aunque sirva como resguardo discursivo para justificar desmesuras; se oculta tras aparentes no-bles designios una decisión de condicionar a Brasil, advertir a México y amenazar a Cuba y Colombia. Nadie debe permitir ser “cabeza de playa” de China en “su” hemisfe-rio. Mucho menos cuando están en juego “su” petróleo y “sus” minerales, aunque se encuentren en otro Estado soberano.

La historia de Trump y Maduro es la crónica de un mundo que ha perdido el sentido de la proporción. El poder, cuando se ejerce sin respeto a la soberanía del otro o a la ley interna, tiende a devorar los procesos que intenta proteger. En 2026, la caída de Maduro bajo la fuerza de Trump no marca el fin de la crisis, sino el inicio de un orden mundial donde el pragmatismo transaccional y la fuerza bruta han sustituido al consenso interna-cional. La desmesura, una vez desatada, rara vez vuelve a su cauce sin dejar tras de sí instituciones fracturadas y una sociedad global polarizada por el culto a la voluntad del hombre fuerte.


 

(*) Pablo M. Wehbe es doctor en Derecho, especialista en relaciones internacionales. Además es profesor en la Universidad Nacional de Río Cuarto y en la de Villa María. En televisión, es columnista del programa “Argentina en Noticias” de Telediario Televisión

 
 

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