La carne vacuna cayó a su nivel más bajo en dos décadas: 47,3 kilos por persona
- Telediario Digital

- hace 6 días
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El consumo de carne vacuna en Argentina cayó a 47,3 kilos por persona al año, el nivel más bajo de las últimas dos décadas. Con menor producción, subas de precios por encima de la inflación y más ventas al exterior, la carne pierde lugar en la mesa de los argentinos.
El consumo de carne vacuna en la Argentina volvió a marcar un retroceso y alcanzó su registro más bajo de los últimos 20 años. Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), en los últimos 12 meses el consumo per cápita se ubicó en 47,3 kilos por habitante al año, con una baja interanual del 2,5%. El dato confirma una tendencia descendente que se viene profundizando y que golpea de lleno sobre uno de los alimentos más representativos de la mesa argentina.

La comparación histórica expone con claridad la magnitud del deterioro. Hace dos décadas, el consumo rondaba los 62,2 kilos por persona por año y en 2008 había alcanzado un pico de 69,4 kilos. Hoy, en cambio, la carne vacuna perdió terreno en la dieta cotidiana, empujada por una combinación de menor poder adquisitivo, suba sostenida de precios y una oferta cada vez más ajustada.
El cuadro se agrava porque la caída del consumo no responde a un cambio cultural, sino a una restricción económica cada vez más evidente. Entre enero y febrero de 2026, la producción de carne vacuna cayó 9,1% interanual, mientras que el precio del animal en pie subió 8,5% solo en febrero y acumuló un aumento interanual del 72,7%. En paralelo, los precios minoristas de la carne treparon alrededor de 12% en los dos primeros meses del año, el doble de la inflación general estimada para ese período.

Detrás de estos números también aparece un problema productivo de fondo que impacta con fuerza en el interior. La sequía prolongada entre 2021 y 2024, sumada a las inundaciones que afectaron zonas ganaderas en 2024 y 2025, redujo stock, forzó ventas anticipadas y achicó la oferta de hacienda para faena. El golpe no solo repercute en los mostradores: también atraviesa a provincias ganaderas, frigoríficos, productores y economías regionales que dependen de la cadena cárnica para sostener empleo y movimiento comercial.
A la vez, el mercado muestra una señal cada vez más clara: mientras la carne se encarece puertas adentro, gana peso el negocio exportador. En los primeros dos meses de 2026, las exportaciones crecieron 6,6% interanual y los ingresos por ventas externas aumentaron 47,6%. Es decir, en un país históricamente identificado con la carne vacuna, una porción cada vez mayor de la producción se orienta al exterior, mientras el mercado interno pierde participación y millones de argentinos resignan consumo.

El escenario abre una discusión económica y política de fondo. Si la carne, símbolo histórico de la alimentación nacional, empieza a convertirse en un bien cada vez menos accesible, no se trata solo de un cambio de hábito: es una postal del deterioro del poder de compra y de un modelo en el que producir más para exportar no necesariamente se traduce en mejores condiciones para el consumo interno. La pregunta que empieza a instalarse es tan simple como incómoda: cuánto más puede retroceder la mesa de los argentinos antes de que el problema deje de ser una estadística y se convierta en una crisis social más visible.




