Economías de frontera: un productor desarma el relato del “éxodo laboral” hacia brasil
- Telediario Digital
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Mientras crece el debate sobre las economías de frontera y la falta de empleo, Ricardo Rancher, productor de limón y naranja, dio una versión que incomoda: asegura que trabajo hay, pero no mano de obra dispuesta a hacerlo en blanco, y advirtió sobre una situación crítica para los pequeños productores.

En los últimos días, distintas postales desde Misiones mostraron a jóvenes y adultos cruzando la frontera rumbo a Brasil, supuestamente en busca de trabajo en cosechas como manzana y uva. Sin embargo, desde el propio territorio, un productor citrícola salió a desarmar ese relato y planteó una realidad muy distinta.
En diálogo con Telediario Federal, Ricardo Rancher, productor de limón y naranja en el norte misionero aseguró que no existe un éxodo laboral masivo por falta de empleo. “Acá el problema no es que no haya trabajo, el problema es que no conseguimos gente que quiera trabajar en blanco”, afirmó.
Según su testimonio, muchos trabajadores rechazan empleos registrados y optan por la informalidad, incluso cruzando a Brasil. “La mayoría va a trabajar en negro. No es cierto que van y ganan oro. Hay casos de grupos que fueron despedidos y quedaron en la calle, pero eso no se cuenta”, sostuvo.
Rancher también puso el foco en los planes sociales y en un sistema que, según él, desalienta el trabajo formal. “Hay personas que cobran beneficios en Argentina y al mismo tiempo trabajan en negro en Brasil. Eso es grave y nadie lo dice”, remarcó, en una crítica directa al rol del Estado y al control fronterizo.
En paralelo, describió la situación crítica que atraviesan los productores citrícolas. “Estamos sobreviviendo. Pasamos de exportar a salir a vender fruta en la ruta o en supermercados en bolsitas. No me quejo, es lo que toca, pero es durísimo”, relató. En su caso, la empresa familiar se sostiene gracias al trabajo conjunto con su esposa e hijo.
Como salida, planteó la necesidad de reconvertirse y agregar valor. “No hay otra. Hay que adaptarse, buscar llegar directo al consumidor, pensar en jugos, marcas propias. O vamos para adelante o volvemos 70 años atrás”, dijo, dejando una definición que resume el dilema de las economías regionales.
El testimonio abre un debate incómodo pero necesario: ¿hay realmente falta de trabajo en las economías de frontera o el problema es otro? Mientras el relato del éxodo gana espacio, desde el territorio aparecen voces que piden mirar más allá del titular.

