¿Vivir a crédito? crece la deuda estructural en los hogares argentinos
- Telediario Digital
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Un relevamiento en más de 400 hogares muestra un cambio profundo en el uso del crédito: ya no se utiliza para grandes compras, sino para cubrir gastos básicos. El fenómeno expone un problema estructural que atraviesa a todo el país.

El endeudamiento de los hogares argentinos dejó de ser una herramienta ocasional para transformarse en una estrategia de supervivencia cotidiana. Un informe reciente elaborado por el Instituto de Estadisticas y Tendencias sociales, revela que el crédito —especialmente las tarjetas— ya no se usa para bienes durables, sino para sostener el día a día en un contexto de ingresos que no alcanzan.
Según el relevamiento, las tarjetas de crédito concentran el mayor peso dentro de las deudas, con un 34,5% en entidades bancarias. A esto se suman compromisos con bancos (12%), el tradicional “fiado” en comercios de cercanía (11%) y obligaciones como impuestos, tasas y expensas. También crecen las deudas con financieras y prestamistas, muchas veces bajo condiciones que terminan profundizando el problema en lugar de resolverlo.
Uno de los datos más significativos es el cambio en el entramado social del crédito: los préstamos entre familiares o amigos, históricamente una red de contención, hoy caen al 3%. No se trata de una ruptura de vínculos, sino de una realidad más dura: nadie tiene margen para asistir al otro. La deuda ya no es individual, es colectiva, y atraviesa a toda la estructura familiar.
El informe también advierte sobre el avance de la digitalización financiera. Billeteras virtuales, créditos inmediatos y ofertas accesibles funcionan como “salvavidas” en el corto plazo, pero esconden condiciones que pueden agravar el endeudamiento. En un escenario de urgencia, lo fácil y rápido se vuelve tentador, aunque muchas veces termine encareciendo el costo de vida.
Desde una mirada federal, el impacto es aún más profundo en las provincias, donde los ingresos suelen estar más rezagados frente al aumento del costo de vida. Economías regionales con menor dinamismo, empleo informal y salarios por debajo de la media nacional agravan el cuadro. La brecha entre ingresos y gastos básicos —que ya superan ampliamente el millón de pesos en muchos casos— deja a amplios sectores sin otra alternativa que recurrir al crédito.
El diagnóstico es claro: el problema no es el consumo irresponsable, sino un desajuste estructural entre ingresos y costos de vida.
Sin políticas públicas que apunten a recomponer ese equilibrio —salarios, empleo y acceso al financiamiento en condiciones justas—, la deuda seguirá creciendo. Y con ella, una sensación cada vez más extendida: la de intentar no hundirse en un sistema que empuja, cada vez más, a vivir a crédito.

