“Son 12 y una medalla”: la historia del hallazgo que volvió a unir a Graciela y Jorge
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La riocuartense Graciela Geuna, sobreviviente de La Perla, contó cómo una medalla hallada en una de las fosas reabrió una historia atravesada por el horror, la memoria y la búsqueda. “Esa medalla trae un mensaje desde hace 50 años”, dijo.
A 50 años del último golpe militar, una historia estremecedora volvió a ponerle rostro, nombre y símbolo a la memoria. Graciela Geuna, riocuartense y sobreviviente del centro clandestino de detención La Perla, relató el profundo impacto que le produjo saber que una medalla hallada en una de las fosas era la misma que ella le había dado a Jorge, su esposo, antes de que ambos fueran secuestrados en 1976.
“Esa medalla trae un mensaje desde hace 50 años. Ha custodiado una identidad”, expresó Geuna, al reconstruir una historia marcada por el dolor y la búsqueda.

Según contó, se trataba de un regalo que le habían hecho sus padres cuando cumplió 19 años y que luego ella le dio a Jorge “diciendo ojalá te proteja”. Décadas después, esa pieza apareció entre los restos recuperados en La Perla y se convirtió en una señal devastadora, pero también reveladora.
Geuna recordó que ella tenía 20 años y Jorge 22 cuando fueron secuestrados el 10 de junio de 1976. En su testimonio, repasó uno de los momentos más brutales de aquella noche: ambos intentaron escapar mientras los trasladaban, pero fueron recapturados.
Ella aseguró que llegó a ver a Jorge muerto en el baúl de un auto, en una escena que durante años convivió con el espanto y la incertidumbre. Más tarde, esa versión fue respaldada por un testigo que declaró en los juicios de lesa humanidad.

La aparición de la medalla no sólo reabrió una herida: también volvió a poner en primer plano la dimensión de una búsqueda que nunca terminó. Geuna explicó que en Argentina la localización de desaparecidos sigue atada al proceso penal y que eso limita el acceso de las familias a la información.
En ese marco, destacó la tarea de querellantes, familiares e investigadores que impulsaron nuevas medidas en la causa, entre ellos el geólogo Guillermo Sagripanti, cuyo trabajo ayudó a orientar las excavaciones en el predio de La Perla.
Pero el hallazgo también dejó nuevas preguntas. Graciela remarcó que en las fosas no aparecieron cuerpos completos, sino fragmentos óseos mezclados y removidos, y que todavía resta conocer con precisión qué ocurrió con Jorge y con otras víctimas.
“No lo protegió, pero vuelve para decir que estuvo y dónde estuvo”, resumió sobre la medalla, en una frase que condensa el valor simbólico de ese objeto mínimo frente a una maquinaria de terror que intentó borrar toda huella.
En días atravesados por los 50 años del golpe, la historia de Graciela Geuna vuelve a sacudir desde Río Cuarto hacia todo el país. Porque en La Perla no apareció sólo una medalla: apareció una prueba material del horror, una marca de identidad y una memoria que, pese a todo, sigue aflorando.
“La medalla quiso salir”, dijo ella. Y en esa frase late, quizá, una de las verdades más potentes de esta historia: hay rastros que ni el tiempo ni los genocidas pudieron enterrar.

