“Un día a la vez”: la historia de la joven que enfrentó dos veces al cáncer
- Telediario Digital
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Sofía Costa atravesó dos diagnósticos de cáncer cuando estaba en pleno desarrollo de su vida personal y deportiva. Lejos de rendirse, decidió compartir su experiencia, hablar de lo que duele y transformar su proceso en un mensaje de amor, paciencia y fortaleza.

Una historia atravesada por el dolor, pero también por la esperanza. Sofía Costa pasó por dos diagnósticos de cáncer y hoy decidió contar su experiencia con una mirada distinta: la de alguien que eligió enfrentar la enfermedad con actitud, gratitud y un profundo amor por la vida.
El primer diagnóstico llegó en julio. Después de doce sesiones de quimioterapia, parecía que todo había quedado atrás. Sin embargo, un año y medio después, la noticia volvió a golpear: la enfermedad había regresado. “Fue un balde de agua fría”, recuerda Sofía. Lo más sorprendente es que, en ese momento, ella se sentía bien y estaba entrenando para competir en importantes torneos de natación.
La noticia obligó a frenar proyectos, viajes y competencias. Pero lejos de quedarse en el enojo, decidió enfrentar el proceso desde otro lugar. “Siempre dije que esta enfermedad vino a enseñarme y a cambiar muchas cosas en mi vida”, explica. Para ella, el aprendizaje pasa por revisar vínculos, hábitos y prioridades.
El deporte, la terapia y el acompañamiento de su familia y amigos fueron claves para sostenerse en los momentos más difíciles. Nadadora desde chica y amante del entrenamiento físico, Sofía asegura que esa base fue fundamental para atravesar el tratamiento con mayor fortaleza.
Pero quizás el cambio más profundo fue la manera de mirar la vida. “Uno aprende a vivir un día a la vez”, dice. Para quienes atraviesan enfermedades oncológicas, explica, el futuro muchas veces se vuelve incierto, por lo que aprender a habitar el presente se vuelve una herramienta fundamental.
Hoy comparte su experiencia también en redes sociales, donde muestra con naturalidad su proceso: desde momentos difíciles hasta escenas cotidianas como bailar, entrenar o simplemente agradecer por estar viva. “Se crea una red muy linda. Mucha gente me escribe y se siente acompañada”, cuenta.
Su mensaje es simple pero poderoso: aceptar lo que toca vivir, rodearse de amor y entender que incluso en los momentos más duros se puede encontrar aprendizaje. “Nada está tan mal. Con paciencia y amor, podemos ir atravesando cada día”.

