Trabaja en el campo, lo despidieron y hoy tiene su propio local de manicura en río cuarto
- Telediario Digital
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Jorge Lucero pasó por una avícola y buscó empleo sin suerte. Hoy tiene su propio salón y vive de la belleza de manos. La historia de Jorge es un verdadero giro 360 que nació casi por casualidad… y terminó en vocación.

En Río Cuarto, Jorge de Lucero decidió cambiar el rumbo de su vida cuando todo parecía cuesta arriba. Venía de trabajar en el campo y en una avícola, pero tras dejar ese empleo se encontró con una realidad difícil: buscar trabajo no era tan simple como parecía. Cortó pasto, hizo changas y probó con peluquería. Nada terminaba de cerrar.
Hasta que una noche, casi sin planearlo, vio en Instagram a un joven haciendo uñas con una destreza que lo dejó impactado. “Sentí algo. Dije: es por acá”, recuerda. Al día siguiente ya estaba inscripto en su primer curso. Practicó con sus hermanas, hizo capacitaciones online durante la pandemia y empezó a recorrer la ciudad en bicicleta ofreciendo servicio a domicilio.
No fue inmediato ni sencillo. Hubo frustraciones, dudas y momentos en los que pensó en volver al campo. Pero insistió. “Yo sabía que algún día iba a vivir de esto”, cuenta. Y ese día llegó: hoy tiene su propio salón, un espacio que soñó diverso, cómodo y lleno de buena energía.
Jorge no solo hace manicura. Construye vínculos. Sus clientas y también clientes hombres—encuentran en su sillón algo más que estética: charla, catarsis y risas. “Es como terapia”, admite entre risas.
Las tendencias actuales van desde lo natural y minimalista hasta diseños con cristales y detalles inspirados en vacaciones. Las uñas almendradas y los colores lisos lideran, aunque siempre hay lugar para el arte más jugado.
Su consejo es claro: animarse. “Te van a decir que no vas a poder. Pero si vos sentís que es por ahí, dale. Va a costar, pero se puede”.
Criar pollos y luego dedicarse al nail art puede parecer un contraste enorme. Pero para Jorge, el cambio fue una salvación personal. “Me sacó de momentos muy feos. Me hizo sentir útil”, confiesa.
Hoy cierra la puerta de su salón con la satisfacción de haber apostado a su intuición. Y esa, quizás, sea la manicura más importante que logró: la de su propia vida.

