No corta por plata: el barbero que visita hogares de abuelos para cortarle el pelo gratis
- Telediario Digital

- hace 6 días
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Damián Andrada tiene 19 años y encontró en la barbería algo más que un trabajo: una forma de ayudar. Sus videos cortando el pelo gratis a personas mayores y en situación de calle ya recorren las redes.

En Río Cuarto, una simple tijera se transformó en herramienta de cambio. Damián Andrada, un joven barbero de 19 años, decidió salir a la calle y a distintos espacios como asilos para ofrecer cortes de pelo gratuitos. Su iniciativa, que empezó casi como una prueba, terminó generando una repercusión inesperada en redes sociales.
En diálogo con Telediario, Damián detalló: “No corto por la plata”, dejando en claro que su motivación va mucho más allá de lo económico. Según cuenta, lo que busca es regalar un momento distinto: una charla, una sonrisa, una mejora en la autoestima. “La recompensa es espiritual, es algo que la plata no te da”, asegura.
El impacto no tardó en aparecer. Sus videos comenzaron a viralizarse y a despertar reacciones de todo tipo. Desde mensajes de apoyo hasta personas que quieren sumarse a la iniciativa o capacitarse con él. Incluso, una de sus publicaciones permitió que una familia pudiera reencontrarse con un ser querido que hacía tiempo no veían.
La experiencia también le permitió conocer historias que lo marcaron. En los hogares de adultos mayores, escucha relatos de otra época, recuerdos de juventud y una vida sin tecnología. En la calle, en cambio, el primer gesto suele ser la desconfianza, pero después llega el agradecimiento y la emoción al verse frente al espejo.
Damián planea continuar con esta acción todos los fines de semana. Mientras trabaja de lunes a sábado para sostenerse económicamente, los domingos los dedica a esta movida solidaria. Además, ya piensa en sumar donaciones de abrigo o alimentos para acompañar los cortes, especialmente de cara al invierno.
Lo que comenzó como un video más, hoy es una historia que crece. Y deja una pregunta flotando: cuánto puede cambiarle el día —o la vida— a alguien un gesto tan simple.




