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Informalidad Laboral: Por qué cambiar las reglas no alcanza si no cambia la economía

  • Foto del escritor: Telediario Digital
    Telediario Digital
  • 22 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

En un encuentro de análisis realizado en la Universidad Nacional de Río Cuarto, el analista Miguel Bosch planteó que la informalidad laboral en Argentina no es solo un problema de leyes, sino de estructura productiva. Una discusión clave mientras el Gobierno avanza con la reforma laboral.


La discusión por la reforma laboral volvió a poner en el centro un tema estructural de la economía argentina: la informalidad. En un espacio de análisis impulsado en la Universidad Nacional de Río Cuarto, Miguel Bosch advirtió que reducir el empleo en negro no depende únicamente de cambiar normas, sino de transformar el entramado productivo del país.


“La informalidad muchas veces es la forma en la que el empleador le traslada el riesgo al trabajador”, explicó Bosch.

En actividades de baja complejidad y alta rotación laboral, ese riesgo se vuelve estructural: empleos precarios, sin estabilidad ni acceso a derechos básicos, que funcionan como un seguro informal frente a una economía inestable.


El economista comparó la situación argentina con otros países de la región. En Perú, abrir un pequeño negocio puede llevar meses y costos elevados, lo que empuja a la informalidad por exceso de regulación. En Bolivia, ocurre lo contrario: la baja complejidad productiva facilita la informalidad porque el recambio laboral es constante y la capacitación casi inexistente. “Son dos extremos que muestran que no hay una sola causa”, sostuvo.


En Argentina, el problema se agrava por una economía donde gran parte de las ventas también se realizan en negro. “Si vendés informal, no podés pagar todo en blanco”, sintetizó Bosch. En ese contexto, advirtió que una reforma laboral, por sí sola, no generará una formalización masiva del empleo, especialmente en los sectores más chicos y frágiles del interior del país.


Sin embargo, marcó una diferencia clave: en las actividades de mayor complejidad, donde la capacitación y la mano de obra calificada son centrales, sí existen incentivos reales para formalizar. Allí, la estabilidad laboral reduce riesgos, mejora el acceso al crédito y puede generar un círculo virtuoso de mayor consumo y actividad económica, como ocurrió en experiencias de Colombia y otros países de la región.


El debate, planteó Bosch, es de fondo y exige una mirada integral. “El empleo se genera por la actividad económica. La formalización viene después”, señaló. Mientras el tratamiento de la reforma se posterga para los primeros meses del año, la discusión abre una pregunta incómoda pero inevitable: si no cambia la estructura productiva, ¿cuánto puede cambiar realmente el mercado laboral argentino?

 
 

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