¿Hasta cuándo?: denuncian disturbios en la Parroquia San Martín de Porres
- Telediario Digital
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Vecinos del macrocentro denuncian que una pareja en situación de calle ocupó durante más de dos semanas una dependencia de la Parroquia San Martín de Porres, generando disturbios, agresiones verbales y temor entre fieles y frentistas. Pese a los avisos a la Policía y a Ojos en Alerta, aseguran que la respuesta fue siempre la misma: “no se puede hacer nada”.
Durante las últimas horas, vecinos del macrocentro de Río Cuarto hicieron público un reclamo que —según relatan— lleva al menos quince días sin solución. Se trata de la ocupación del cinerario parroquial por parte de una pareja en situación de calle, lo que derivó en conflictos con fieles y en un profundo malestar comunitario.
El espacio, donde descansan las cenizas de cientos de personas, dejó de ser accesible para familiares y creyentes.
“El olor era insoportable”, señalaron vecinos, que relataron discusiones, agresiones verbales y la imposibilidad de concurrir a rezar. También denunciaron que el lugar quedaba sucio y que debían limpiarlo a diario.

El vicario parroquial, padre Ramiro Sinfreu, explicó que realizaron denuncias formales ante la Policía tras advertir discusiones violentas dentro de la pareja y posibles situaciones de violencia de género.
“La persona que más me preocupa es ella, es una mujer muy vulnerable”, expresó, y remarcó que intentaron ayudarlos “humanamente”, pero que el consumo problemático dificultó cualquier abordaje.
Según indicó el sacerdote, las fuerzas de seguridad acudieron en varias oportunidades, aunque sin poder ofrecer una solución concreta.
“Nos dijeron que cada vez que vengan avisemos”, relató.
Finalmente, en las últimas horas la pareja dejó el cinerario, pero el problema no terminó allí.
Los vecinos advierten que ahora se instalaron en la Plaza San Juan, a pocas cuadras de la parroquia. Allí, aseguran, se repiten los episodios de gritos, amenazas, peleas y agresiones verbales.
Familias del barrio afirman que dejaron de llevar a sus hijos a la plaza por miedo a que ocurra un hecho grave.
El caso vuelve a exponer una problemática de fondo: la falta de dispositivos estatales eficaces para intervenir ante situaciones de calle atravesadas por consumo y violencia.
Mientras tanto, el reclamo vecinal sigue abierto y la pregunta se repite en el barrio: ¿quién se hace cargo antes de que sea tarde?





