Enero dejó menos de 40 mm en la región núcleo y la mitad del área agrícola está en sequía
- Telediario Digital

- 2 feb
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Enero cerró con lluvias muy por debajo del promedio histórico y dejó a la mitad de la región núcleo en condición de sequía. La soja de primera atraviesa su etapa más crítica y ya se confirman pérdidas irreversibles de rinde en zonas clave.
Enero dejó una señal de alarma encendida en la región núcleo. Lejos de recomponer los perfiles de humedad, las lluvias quedaron muy por debajo de lo esperado y consolidaron un escenario de sequía que empieza a impactar de lleno en la producción agrícola.
Según el último informe del GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario, el promedio mensual fue de apenas 38 milímetros, menos de la mitad de lo habitual para esta época del año, cuando lo normal ronda entre 100 y 120 mm. El déficit se profundizó especialmente en la franja central y el noreste bonaerense, justo cuando la soja de primera atraviesa su período más sensible de definición de rinde.

El mapa hídrico muestra contrastes extremos. General Pinto fue la única estación que alcanzó la media histórica, con 122 mm, mientras que en el corazón productivo de la región núcleo los registros fueron críticos: en Álvarez apenas se midieron 9 mm en todo el mes, y en localidades como Pujato, Maggiolo y Godeken las lluvias no superaron los 10 u 11 mm.
La consecuencia directa se refleja en el suelo: la mitad del área núcleo está en condición de sequía y el resto presenta escasez hídrica. Las lluvias de fines de enero fueron desparejas y muy localizadas, sin capacidad para revertir el déficit generalizado. En la mayor parte de la región, el agua directamente no llegó.

La soja de primera ya muestra daños concretos. En Pergamino, técnicos estiman mermas de hasta el 50% del rinde potencial. En Bigand, la falta de agua provocó marchitez, caída de flores y pérdidas que podrían ubicarse entre el 15 y el 20% si no hay lluvias en el corto plazo. En Marcos Juárez, aunque hubo algunos milímetros, se observan plantas muertas en sectores bajos y pérdida de nudos, con un recorte inevitable de rendimiento.
El impacto no es solo productivo: la sequía vuelve a poner en jaque a las economías regionales del núcleo agrícola, con efectos que se proyectan sobre ingresos, empleo y actividad en pueblos y ciudades del interior. Mientras el pronóstico deja apenas una luz de esperanza para febrero, el reloj climático corre y el margen de maniobra se achica día a día.




