De Río Cuarto a los Alpes: el joven pastelero que se animó a cocinar en Francia
- Telediario Digital
- hace 2 horas
- 2 Min. de lectura
Con solo 20 años, Facundo Veloz trabajó seis meses en un restaurante del noreste francés, en una cocina que supo tener estrellas Michelin. Postres con trufa, helados todo el año y un desafío personal que lo marcó para siempre.

A los 20 años, Facundo Veloz hizo las valijas y cruzó el océano para trabajar en un restaurante del noreste de Francia, en una zona cercana a los Alpes y al límite con Suiza y Alemania. Durante seis meses se desempeñó en el sector de postres, en una cocina exigente, equipada con tecnología y materia prima de primer nivel.
El restaurante lleva el nombre de su dueño, quien trabajó junto al reconocido chef francés Paul Bocuse, una de las figuras más influyentes de la gastronomía mundial. Aunque el lugar ya no conserva estrellas Michelin, mantiene el prestigio y la obsesión por la excelencia que caracterizan a la alta cocina francesa.
Facundo llegó con formación previa y con algo que resultó clave: el idioma. Desde el primer día estudió francés y eso le permitió adaptarse más rápido a un ambiente intenso, donde cada detalle cuenta y cada plato debe salir perfecto. “Era muy exigente, muchas horas y mucha responsabilidad”, contó.
Postres con trufa y sabores impensados
Uno de los recuerdos más fuertes fue el mes dedicado íntegramente a la trufa. Entradas, platos principales… y también postres. Un sabor potente, delicado y costoso, que en Francia se utiliza con naturalidad y hasta se sirve en láminas como si fuera queso rallado.
También trabajó con semillas de pino para salsas y helados, en una región donde el frío no impide que el helado se consuma todo el año. “Son sabores que uno no imagina, pero cuando los probás, te sorprenden”, explicó.
El desafío no era solo culinario. Cocinar lejos de casa, en otro idioma y con estándares altísimos, lo obligó a crecer rápido. En la cocina encontró presión, pero también identidad.
Una pasión que conecta generaciones
Facundo no creció en una casa donde se cocinara todos los días. Sin embargo, su papá fue pastelero y panadero, y aunque falleció cuando él era muy chico, hoy siente que esa elección profesional tiene algo de conexión profunda. “Me hizo pensar más en él, en de dónde vengo y hacia dónde voy”, confesó.
Hoy volvió a Río Cuarto con más preguntas que respuestas, pero con una certeza: quiere seguir viajando, aprendiendo y explorando nuevas gastronomías. Francia puede ser nuevamente el destino, pero también lo seduce redescubrir sabores argentinos y latinoamericanos.

