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Combustible sin freno: subas constantes y brecha con el interior que golpea el bolsillo

  • Foto del escritor: Telediario Digital
    Telediario Digital
  • 26 mar
  • 2 min de lectura

El precio del combustible vuelve a subir de forma sostenida y ya acumula fuertes incrementos interanuales. En el interior, la nafta es más cara que en los grandes centros urbanos, lo que profundiza el impacto en la producción y el costo de vida.


El precio del combustible en Argentina atraviesa una nueva escalada que, lejos de ser puntual, se consolida como una suba constante y difícil de seguir. Según un informe reciente, los aumentos ya no responden a ajustes mensuales sino a microvariaciones casi diarias, en un contexto marcado por la volatilidad internacional y la política de actualización permanente de precios.


En diálogo con Telediario Federal, Gerardo Sanchez, Economista de COLSECOR el combustible acumula una suba interanual cercana al 37% en distintas localidades del país. La dinámica responde, en gran medida, a la decisión de mantener los valores alineados con el mercado internacional, lo que implica que cualquier movimiento del tipo de cambio o del precio del petróleo impacta de manera directa en los surtidores.

Pero el dato que vuelve a poner en discusión el modelo es la desigualdad territorial: cargar nafta en el interior sigue siendo más caro que en la Ciudad de Buenos Aires. Esta brecha, que históricamente llegó a ser de dos dígitos, hoy ronda el 5%, aunque con variaciones según la región. Un esquema que expone, una vez más, las asimetrías estructurales entre el AMBA y las economías regionales.


El impacto no se limita al bolsillo individual. El combustible es un insumo clave para el transporte y la producción, por lo que su aumento se traslada a toda la cadena de precios. “No hay forma de que esto no impacte en la inflación”, advirtió Sanchez, en un contexto donde los servicios ya vienen liderando las subas y presionando sobre los índices generales.

Además, el escenario internacional agrega incertidumbre. El precio del petróleo, que llegó a ubicarse en torno a los 65 dólares, hoy oscila entre los 95 y 120 dólares, lo que anticipa nuevas presiones alcistas. Parte de ese incremento podría ser absorbido por las empresas, pero otra inevitablemente llegará al consumidor.


Con este panorama, el desafío hacia adelante es claro: sostener el proceso de desaceleración inflacionaria en medio de un contexto global adverso y con una variable —el combustible— que impacta de lleno en la economía real, especialmente en el interior productivo, donde cada aumento se siente el doble.

 
 

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