Cayó el empleo registrado en Argentina y ya son más de 500 mil los trabajadores que salieron del sistema
- Telediario Digital
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Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, más de 500 mil personas dejaron el sistema laboral registrado en la Argentina. La caída golpeó con fuerza a la industria, la construcción y varias provincias del interior, mientras crece el cuentapropismo y la precarización.
La crisis del empleo formal ya dejó de ser una señal secundaria para convertirse en una de las principales alertas del modelo económico. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, medio millón de trabajadores salió del sistema laboral registrado, según los datos del SIPA analizados por Infobae. En ese mismo escenario, la desocupación trepó al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025 y alcanzó a casi 1,7 millones de personas.

El dato no sólo refleja una caída en la cantidad de empleos en blanco, sino también un cambio más profundo en la estructura laboral. Cuando Javier Milei llegó a la Casa Rosada, había 13.365.678 trabajadores registrados. Dos años después, la cifra cayó a 12.865.096. Es una baja del 4% que atraviesa al sector privado, al empleo público, al trabajo en casas particulares y, de manera muy marcada, al universo de los monotributistas sociales.
En ese segmento se dio el derrumbe más fuerte: la cantidad de monotributistas sociales cayó 60%, con 384.392 inscriptos menos en apenas dos años. También se perdieron 189.845 puestos en el sector privado y 78.617 en el sector público. Mientras tanto, crecieron los monotributistas y los autónomos, una señal que distintos analistas leen como migración hacia formas de trabajo más frágiles, con menos derechos y menos cobertura social.
“En el cuarto trimestre del 2025 directamente no hubo creación de empleo”, advirtió Jorge Colina, de IDESA.

El impacto no fue uniforme, pero sí profundamente federal. Las provincias más castigadas fueron Santa Cruz, La Rioja, Catamarca, Misiones, Formosa, Chaco y Chubut. En otras palabras, el ajuste laboral no se concentra sólo en el AMBA: golpea con dureza a distritos donde el empleo formal suele estar más atado al Estado, a la obra pública, a la industria local o a actividades regionales que hoy muestran retroceso. Del otro lado, sólo Neuquén y Río Negro lograron cerrar el período con saldo positivo, empujadas por la actividad petrolera.
También hay un dato productivo que enciende alarmas en el interior: la industria manufacturera encabezó la pérdida de puestos en términos absolutos, con 63.902 empleos menos, seguida por la construcción, que perdió 48.671. Son dos sectores clave para el entramado federal porque arrastran a pymes, proveedores, transporte, comercios y economías urbanas del interior. Cuando cae una fábrica o se frena una obra, el golpe no queda en una estadística: se siente en la mesa familiar, en el consumo local y en la recaudación de cada ciudad.

El problema, además, se da en un contexto político sensible. La desocupación ya desplazó a la inflación como principal preocupación social en varias mediciones. Eso abre un nuevo frente para el Gobierno nacional: sostener el discurso de estabilización macroeconómica mientras crece el malestar por la falta de trabajo. En las provincias, donde el empleo formal cumple un rol decisivo para sostener la actividad, la discusión ya no pasa sólo por los números fiscales, sino por cuánto más puede resistir el entramado productivo antes de que la precarización deje de ser transición y pase a ser regla.

