Soja, retenciones y dólar atrasado: crece el malestar en plena cosecha
- Telediario Digital

- hace 44 minutos
- 2 Min. de lectura
En plena cosecha de soja y maíz, crece la preocupación en el sector agrícola por la combinación de dólar retrasado, suba de insumos y presión impositiva. Según el análisis difundido por Ernesto Roulet, un productor de 300 hectáreas apenas se quedaría con un camión de ganancia cada 12 cosechados.

La rentabilidad del campo volvió a quedar en el centro del debate en plena campaña de soja y maíz. Productores agrícolas advierten que con el dólar en el nivel actual y con insumos medidos en moneda estadounidense cada vez más caros, los números dejaron de cerrar incluso en un escenario de buena cosecha.
El planteo tomó fuerza a partir de una cuenta difundida por Ernesto Roulet, ex titular de CARTEZ y ex funcionario nacional, quien puso como ejemplo a un productor de 300 hectáreas de soja. De acuerdo a ese cálculo, con un rinde promedio de 40 a 44 quintales por hectárea, la producción equivaldría a 12 camiones, pero tras afrontar cosecha, fletes, insumos, labores e impuestos, solo quedaría un camión como ganancia.
El detalle grafica con crudeza el peso que soporta hoy la producción. Un camión se destina a la cosechadora y al trabajo de levantar la producción. Otro queda en el transporte. Más de dos camiones adicionales se pierden entre flete a puerto y retenciones. A eso se suman cinco camiones para cubrir insumos y labores, otro para impuestos nacionales y una porción más para cargas provinciales como el inmobiliario rural y la tasa vial. El resultado final, según Roulet, es un margen mínimo para quien asumió el riesgo productivo.
La discusión excede a un cálculo individual y vuelve a mostrar una tensión estructural de la Argentina productiva: las provincias que generan divisas vuelven a quedar atrapadas entre costos crecientes, presión fiscal y un tipo de cambio que, para muchos productores, llega retrasado frente a la realidad de la actividad. En regiones agrícolas del interior, esta ecuación no solo golpea al productor, sino también a contratistas, transportistas, comercios y pueblos enteros que dependen del movimiento de la campaña.
A este escenario se suma otro factor que complica todavía más la ecuación: las demoras en la cosecha por la humedad acumulada durante abril. Aunque las lluvias favorecieron el desarrollo de los cultivos, también fueron postergando el trabajo en los lotes y afectando el ritmo de recolección. Es decir, aun cuando el volumen acompañe, la rentabilidad queda bajo presión por una suma de variables que el interior productivo viene denunciando desde hace tiempo.
En ese marco, el reclamo del sector apunta otra vez a medidas de alivio, entre ellas un esquema diferencial para mejorar el tipo de cambio al momento de liquidar, algo similar al dólar soja aplicado en otras etapas.
El trasfondo político también sumó ruido luego de las declaraciones del secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, sobre la continuidad de las retenciones. En el campo, donde todavía persiste la expectativa de una baja o eliminación de ese tributo, el mensaje encendió nuevas señales de alarma. La gran pregunta, ahora, es cuánto tiempo más puede sostenerse una cosecha récord si producir empieza a ser cada vez menos rentable.




