Riesgo país en alza y metalurgia en caída: la economía real no entra en el discurso oficial
- Telediario Digital

- hace 15 horas
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El riesgo país volvió a moverse en la zona de los 600 puntos, mientras la actividad metalúrgica cayó 10,3% interanual en febrero. En ese escenario, el Gobierno insiste con el superávit y proyecta inflación “con cero” desde agosto, pero la recesión ya golpea de lleno a la producción y al empleo en las provincias.
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La economía financiera volvió a encender una señal de alarma para la Argentina: el riesgo país rozó y superó los 600 puntos en las últimas ruedas, un umbral que el mercado mira como termómetro de confianza para el endeudamiento externo. Aunque este martes mostraba una leve baja hasta los 592 puntos, el dato dejó expuesta otra vez la fragilidad del frente financiero en un contexto internacional adverso y con bonos bajo presión.
En paralelo, Javier Milei pasó por la Bolsa de Comercio de Córdoba y volvió a sostener que la inflación “podría empezar con cero” en agosto. El Presidente defendió el rumbo económico, evitó meterse en otras controversias y apostó a reforzar ante empresarios la idea de que el programa oficial sigue firme. Sin embargo, incluso análisis periodísticos sobre esa presentación remarcaron que el propio Gobierno ya no puede omitir del todo la caída de la actividad y el rebote inflacionario de las últimas semanas.
Además, la utilización de la capacidad instalada se ubicó apenas en 40,2% y el sector acumula una baja de 8,2% en el primer bimestre del año. Entre los rubros más golpeados aparecieron fundición, bienes de capital y autopartes, este último con una caída del 12%. El dato no es menor para el interior productivo.
Pero mientras el foco oficial sigue puesto en el superávit fiscal, la economía real vuelve a mostrar números cada vez más duros. Según el informe difundido por ADIMRA, la actividad metalúrgica cayó 10,3% interanual en febrero y retrocedió 1,9% frente a enero.
Ya en enero, ADIMRA había advertido que Córdoba estaba entre los distritos con mayores caídas interanuales, confirmando que la recesión no es una abstracción porteña sino un problema federal.
La metalurgia no es una rama más: atraviesa cadenas clave como maquinaria, autopartes, carrocerías, equipos eléctricos y producción vinculada al agro y a la industria automotriz. Cuando ese entramado cae, el impacto no se queda en una planilla: se traslada a talleres, pymes, proveedores y empleos en Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y otras provincias industriales.
aparece una de las tensiones centrales del momento. Mientras el Gobierno celebra el orden fiscal y el mercado mira el riesgo país como llave para volver a endeudarse, en las provincias se profundiza otra discusión: qué pasa con la producción, la capacidad ociosa y el empleo. La Argentina financiera puede entusiasmar a algunos interlocutores; la Argentina industrial, en cambio, sigue esperando señales concretas. Y esa distancia entre el relato del equilibrio macro y el deterioro fabril empieza a hacerse cada vez más difícil de disimular.
Con este cuadro, el debate de fondo no pasa solo por si el superávit cierra en los papeles, sino por cuánto tiempo puede sostenerse una estrategia económica que ordena cuentas nacionales mientras desordena buena parte del mapa productivo. Si la discusión pública sigue girando alrededor de la coyuntura política y deja afuera la crisis de sectores que generan trabajo en el interior, el costo puede ser más recesión, menos industria y una nueva dependencia de financiamiento externo




