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Había una vez... un lago

  • Foto del escritor: Telediario Digital
    Telediario Digital
  • 9 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Por Martín Urricelqui | El Lago de Villa Dalcar, uno de los pulmones verdes más emblemáticos de Río Cuarto, enfrenta una situación crítica que amenaza su equilibrio ecológico y su futuro como espacio de recreación. Investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) advirtieron que, sin un mantenimiento constante y políticas sostenidas de manejo ambiental, el espejo de agua podría degradarse hasta convertirse en un pantano en pocos años.



El problema no es nuevo, pero sí se agrava con el paso del tiempo y la falta de intervenciones adecuadas. “Es un lago artificial, y eso significa que requiere un mantenimiento permanente”, explicó a Telediario el investigador César Omar Núnez, especialista en ambientes acuáticos.

“Al ser poco profundo, la vegetación crece rápidamente desde las orillas hacia el centro, y cuando esa vegetación muere, se deposita en el fondo, elevando el nivel del lecho y provocando una retroalimentación que acelera la invasión de plantas. Si no se cosecha regularmente, el lago puede perder profundidad y terminar invadido por especies acuáticas”, explicó.

La advertencia llega en un momento clave: la primavera, que según los especialistas es "la época crítica" debido a que con el aumento de la temperatura se da una explosión del crecimiento vegetal. "Si ese material no se retira ahora, se hundirá y se descompondrá, generando más materia orgánica y menos oxígeno en el agua”, advirtió el investigador en una entrevista realizada hace algunas semanas.



Un ecosistema de enorme valor ecológico y social

El Lago de Villa Dalcar no es solo un sitio recreativo: es un ecosistema urbano con una biodiversidad excepcional. El doctor Miguel Mancini, investigador de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de la UNRC, recordó que en 2018 un relevamiento científico registró más de 350 especies entre plantas, peces, aves y organismos microscópicos. “Es un ambiente muy rico, con una gran diversidad biológica. Allí viven peces, aves, algas, plancton y muchas especies que son invisibles a simple vista pero que cumplen funciones esenciales”, señaló.


Entre las especies que habitan el lago se destacan el pejerrey, la mojarra, la carpa y la palometa. También se han avistado aves migratorias como cisnes de cuello negro. Sin embargo, la introducción de algunas especies nuevas —en su mayoría por acción humana— y la contaminación por residuos están alterando ese delicado equilibrio.



Un lago sin arroyo y con alta presión urbana

Los investigadores tienen en claro que uno de los factores que complica la situación es la pérdida del ingreso natural de agua. “Antes el lago se alimentaba del arroyo El Bañado, pero esa conexión ya no existe”, explicó Mancini y agregó: “Hoy el único aporte proviene de una bomba, instalada en su momento mediante un proyecto participativo entre el municipio, el Club El Malón y la Universidad. Pero un lago sin entrada ni salida natural de agua es muy difícil de manejar”.


Esa condición, sumada al escaso control de la actividad humana, agrava los problemas de eutrofización y proliferación de algas.

Los especialistas señalan que los lagos urbanos son de los más difíciles de gestionar: son poco profundos, tienen temperaturas elevadas, alta carga de nutrientes y reciben una afluencia constante de visitantes.

Pero si a eso se suma la falta de mantenimiento sistemático y la escasa conciencia ciudadana, la situación se torna muy complicada.



La responsabilidad también es ciudadana

Aunque la vegetación acuática suele generar críticas por parte de los vecinos, los científicos advierten que esas plantas también cumplen funciones benéficas: oxigenan el agua, sirven de refugio para peces y regulan la temperatura. El problema no es su existencia, sino su crecimiento descontrolado, potenciado por la falta de mantenimiento y por la contaminación.


Por eso, el cuidado del lago depende también de los vecinos.

“Este es un lugar clave para la ciudad, un espacio histórico y educativo. Pero si seguimos tratándolo como un basural o si no se realiza el mantenimiento necesario, en diez o doce años Villa Dalcar podría dejar de ser un lago y transformarse en un pantano”, advirtieron.


A pesar de los llamados de atención reiterados desde la comunidad científica, el municipio no ha tomado medidas de fondo para enfrentar la situación. Hoy no hay un plan integral ni acciones aisladas, la vegetación crece y la imagen y la salud del lago empeora, incluso hasta el nivel de comprometer la continuidad del trabajo científico y de monitoreo que desde hace décadas se hace en el espejo de agua.


El Lago de Villa Dalcar no solo es un símbolo natural de Río Cuarto: es un laboratorio vivo, un refugio de biodiversidad y un espacio de encuentro para generaciones de vecinos. Su preservación requiere un compromiso compartido entre autoridades, instituciones y ciudadanía. Cuidarlo hoy es la única forma de evitar que, mañana, el espejo de agua que refleja a la ciudad desaparezca bajo el barro y las plantas.

 
 

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