Fin de año y salud mental: Una psicóloga explica por qué Diciembre no es un mes más
- Telediario Digital

- hace 7 días
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Cierres, balances, expectativas y mandatos sociales convierten a diciembre en un mes cargado. En diálogo con Gabriela Cantore, claves para entender por qué pasa y cómo transitar el fin de año con menos autoexigencia.
Diciembre no es un mes más. A los festejos y encuentros se suman cierres laborales, balances personales y expectativas sobre lo que “debería” venir. Ese combo, muchas veces invisible, genera una presión emocional que se repite año tras año y que no siempre sabemos cómo manejar.

Para la psicóloga Gabriela Cantore, parte del malestar tiene que ver con el mandato cultural de evaluar todo en un solo momento. “Hacemos un balance anual como si recién ahora tuviéramos permiso para reflexionar, cuando en realidad es algo que podría hacerse durante todo el año”, explicó. Esa concentración de expectativas vuelve a diciembre un mes exigente y, muchas veces, injusto con los propios procesos.
Cantore propone cambiar la mirada: reconocer lo logrado, incluso en lo pequeño, y valorar el simple hecho de haber atravesado situaciones complejas.
“Sobrevivir a lo que no salió bien también es un mérito. No todo tiene que ser exitoso para ser valioso”, señaló, destacando la importancia de una mirada más amorosa hacia uno mismo.

Otro punto clave es la presión social. Reuniones familiares, preguntas sobre el futuro y comparaciones constantes pueden aumentar la ansiedad. “Lo que para uno fue un gran paso, para otros puede pasar desapercibido. Por eso es importante validar los propios procesos, más allá de lo que esperan los demás”, remarcó.
Respecto al año que empieza, la especialista sugirió moderar las expectativas. Tener proyectos y motivaciones ayuda, pero sin convertirlos en una carga.
“Las expectativas muy rígidas suelen chocar con la realidad. La vida no se reinicia mágicamente el 1° de enero”, advirtió.
El cierre, entonces, no pasa por eliminar los rituales ni los festejos, sino por resignificarlos. Menos autoexigencia, más gratitud cotidiana y balances más frecuentes podrían ser la clave para que el fin de año deje de ser sinónimo de agotamiento emocional.




