G-FB8DD12N61 Estados Unidos admite que Irán sigue en pie y Delcy Rodríguez mueve la pieza más sensible del poder venezolano
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Estados Unidos admite que Irán sigue en pie y Delcy Rodríguez mueve la pieza más sensible del poder venezolano

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  • hace 4 horas
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La directora de Inteligencia de Estados Unidos bajó el tono de la victoria que intenta mostrar Donald Trump sobre Irán y admitió que el régimen sigue en pie, aunque golpeado. En paralelo, Delcy Rodríguez removió al histórico ministro de Defensa venezolano y abrió una nueva incógnita sobre la fidelidad militar en Caracas.


La escena internacional sumó en las últimas horas dos movimientos de alto voltaje político. Por un lado, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia de Estados Unidos, reconoció ante el Senado que el gobierno iraní “parece intacto, aunque degradado”, una definición que desacomoda el discurso de Donald Trump, que viene presentando la ofensiva como una demostración de objetivos cumplidos. Por otro, en Venezuela, Delcy Rodríguez avanzó sobre el corazón del poder armado y desplazó a Vladimir Padrino López, el hombre que durante más de una década garantizó la cohesión militar del chavismo.


En Washington, la declaración de Gabbard no fue menor. La funcionaria dejó en claro que Irán está debilitado, pero no derrumbado, y que su estructura política conserva capacidad de mando y articulación. A eso se sumó otra señal delicada: este 19 de marzo sostuvo ante la Cámara de Representantes que los objetivos de Estados Unidos e Israel en la guerra no son los mismos. Mientras Israel apunta con más fuerza a la conducción iraní, Trump busca mostrar una ofensiva concentrada en capacidades militares y estratégicas.

Ese contraste expone una tensión de fondo. Si el régimen iraní sigue funcionando, aunque golpeado, entonces la promesa de una resolución rápida queda bajo sospecha. Más todavía en un conflicto que, según Reuters, ya provocó cuestionamientos dentro del propio aparato de seguridad estadounidense y volvió a instalar dudas sobre cuánto daño real sufrió la capacidad estratégica iraní. La lectura política es clara: Gabbard no rompió con Trump, pero sí le puso un límite a la narrativa de victoria total.


En Caracas, mientras tanto, el remezón fue igual de sensible. Delcy Rodríguez removió a Padrino López y designó al general Gustavo González López, un hombre del riñón de los aparatos de inteligencia y contrainteligencia. La decisión fue leída por agencias internacionales como el movimiento más audaz de la presidenta interina desde que asumió tras la caída de Maduro. No es un cambio administrativo: toca el principal sostén del poder venezolano, que desde hace años descansa en la alianza entre conducción política y estructura militar.


Lo que se abre ahora en Venezuela es una etapa de prueba. Padrino López era mucho más que un ministro: era un factor de equilibrio interno, un puente entre los mandos y el poder político. Su salida obliga a mirar si las Fuerzas Armadas seguirán disciplinadas detrás de Delcy Rodríguez o si empezarán a emerger tensiones, ruidos o disputas por la sucesión real del mando. En regímenes sostenidos por la verticalidad militar, tocar esa pieza nunca es un gesto menor.

En síntesis, tanto en Medio Oriente como en Sudamérica aparece la misma señal: los relatos de control absoluto crujen cuando se los contrasta con la realidad del poder. En Irán, la estructura resiste más de lo que Trump quisiera admitir.


En Venezuela, Delcy se anima a mover una pieza histórica, pero todavía debe demostrar que puede conservar la obediencia del aparato que sostiene al régimen. Dos tableros distintos, una misma pregunta: cuánto poder real queda detrás de los discursos.


 
 

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