āEsta persona ya no es un peligro para la sociedadā: el testimonio de la mujer que denunció al cura Pinamonti
- Telediario Digital
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Tras conocerse la muerte del sacerdote HĆ©ctor Orlando Pinamonti, acusado de mĆŗltiples abusos sexuales contra menores y declarado culpable por la propia Iglesia, la activista contra la violencia sexual MarĆa Betiana BramardoĀ compartió su testimonio en Telediario FederalĀ y reflexionó sobre el proceso que impulsó durante aƱos para denunciarlo.

Pinamonti falleció este fin de semana en la localidad de Sampacho, a los 89 aƱos. El religioso habĆa sido denunciado por distintos hechos de abuso sexual infantil ocurridos dĆ©cadas atrĆ”s en el sur de Córdoba. Aunque las causas no avanzaron en la justicia penal por la prescripción de los delitos, la Iglesia llevó adelante un proceso canónico que terminó en febrero de 2021 con una sentencia que lo declaró culpable y le prohibió ejercer el ministerio sacerdotal en pĆŗblico.

Bramardo fue una de las denunciantes que impulsó esa investigación dentro de la Iglesia. En diÔlogo con Telediario Federal explicó que el fallecimiento del sacerdote marca para ella el cierre de una etapa marcada por años de lucha personal, silencio y exposición pública.
āHay una serenidad en saber que esta persona ya no es un peligro para la sociedadā, afirmó durante la entrevista. SegĆŗn relató, durante mucho tiempo vivió con la inquietud de que el sacerdote pudiera volver a aparecer en actividades religiosas o en espacios donde hubiera niƱos. āMis dĆas seguĆan pegados a Ć©l. Siempre estaba alerta de si aparecĆa en una misa, si daba la comunión o si volvĆa a tener algĆŗn tipo de reconocimientoā, seƱaló.
El camino hacia la condena canónica no fue sencillo. Bramardo explicó que la denuncia se tramitó dentro del Ć”mbito de la Iglesia, bajo las reglas del derecho canónico, un sistema que muchas veces resulta difĆcil de transitar para quienes denuncian. Incluso, quienes declaraban debĆan firmar el llamado secreto pontificio, un acuerdo de confidencialidad que les impedĆa hablar pĆŗblicamente sobre el proceso.

āSon aƱos de silencio, no solo los que una persona tarda en poder hablar de lo que le pasó, sino tambiĆ©n los que se imponen durante la investigaciónā, explicó. En su caso, logró avanzar con la denuncia y obtener una sentencia que reconoció los abusos, aunque la Iglesia no difundió pĆŗblicamente la resolución en ese momento.
Por esa razón, tiempo despuĆ©s decidió hacer pĆŗblico el caso, con el objetivo de que la comunidad conociera lo sucedido. SegĆŗn contó, esa visibilización permitió que otras personas tambiĆ©n comenzaran a hablar. āEstas personas no cometen un solo delito en su vida. Lo hacen de manera reiterada en los lugares donde encuentran personas vulnerablesā, advirtió.

Bramardo tambiĆ©n se refirió al costo personal que implicó el proceso judicial y eclesiĆ”stico. āLa justicia llega a costa de la salud, de la energĆa y del tiempo. Es una lucha muy larga que tiene un costo emocional y económico muy grandeā, sostuvo.
Con la muerte de Pinamonti, la activista asegura que se cierra una etapa de su vida marcada por esa historia. āCada paso del proceso fue cerrando ciclos: poder hablar, poder denunciar, lograr una sentencia. Ahora aparece otra sensación de serenidadā, expresó.
Su testimonio, ademÔs, puso nuevamente en discusión el rol de las instituciones frente a las denuncias de abuso y los tiempos que enfrentan quienes deciden romper el silencio, un debate que continúa abierto tanto dentro de la Iglesia como en la sociedad.

