“Esta persona ya no es un peligro para la sociedad”: el testimonio de la mujer que denunció al cura Pinamonti
- Telediario Digital

- 9 mar
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Tras conocerse la muerte del sacerdote Héctor Orlando Pinamonti, acusado de múltiples abusos sexuales contra menores y declarado culpable por la propia Iglesia, la activista contra la violencia sexual María Betiana Bramardo compartió su testimonio en Telediario Federal y reflexionó sobre el proceso que impulsó durante años para denunciarlo.

Pinamonti falleció este fin de semana en la localidad de Sampacho, a los 89 años. El religioso había sido denunciado por distintos hechos de abuso sexual infantil ocurridos décadas atrás en el sur de Córdoba. Aunque las causas no avanzaron en la justicia penal por la prescripción de los delitos, la Iglesia llevó adelante un proceso canónico que terminó en febrero de 2021 con una sentencia que lo declaró culpable y le prohibió ejercer el ministerio sacerdotal en público.

Bramardo fue una de las denunciantes que impulsó esa investigación dentro de la Iglesia. En diálogo con Telediario Federal explicó que el fallecimiento del sacerdote marca para ella el cierre de una etapa marcada por años de lucha personal, silencio y exposición pública.
“Hay una serenidad en saber que esta persona ya no es un peligro para la sociedad”, afirmó durante la entrevista. Según relató, durante mucho tiempo vivió con la inquietud de que el sacerdote pudiera volver a aparecer en actividades religiosas o en espacios donde hubiera niños. “Mis días seguían pegados a él. Siempre estaba alerta de si aparecía en una misa, si daba la comunión o si volvía a tener algún tipo de reconocimiento”, señaló.
El camino hacia la condena canónica no fue sencillo. Bramardo explicó que la denuncia se tramitó dentro del ámbito de la Iglesia, bajo las reglas del derecho canónico, un sistema que muchas veces resulta difícil de transitar para quienes denuncian. Incluso, quienes declaraban debían firmar el llamado secreto pontificio, un acuerdo de confidencialidad que les impedía hablar públicamente sobre el proceso.

“Son años de silencio, no solo los que una persona tarda en poder hablar de lo que le pasó, sino también los que se imponen durante la investigación”, explicó. En su caso, logró avanzar con la denuncia y obtener una sentencia que reconoció los abusos, aunque la Iglesia no difundió públicamente la resolución en ese momento.
Por esa razón, tiempo después decidió hacer público el caso, con el objetivo de que la comunidad conociera lo sucedido. Según contó, esa visibilización permitió que otras personas también comenzaran a hablar. “Estas personas no cometen un solo delito en su vida. Lo hacen de manera reiterada en los lugares donde encuentran personas vulnerables”, advirtió.

Bramardo también se refirió al costo personal que implicó el proceso judicial y eclesiástico. “La justicia llega a costa de la salud, de la energía y del tiempo. Es una lucha muy larga que tiene un costo emocional y económico muy grande”, sostuvo.
Con la muerte de Pinamonti, la activista asegura que se cierra una etapa de su vida marcada por esa historia. “Cada paso del proceso fue cerrando ciclos: poder hablar, poder denunciar, lograr una sentencia. Ahora aparece otra sensación de serenidad”, expresó.
Su testimonio, además, puso nuevamente en discusión el rol de las instituciones frente a las denuncias de abuso y los tiempos que enfrentan quienes deciden romper el silencio, un debate que continúa abierto tanto dentro de la Iglesia como en la sociedad.




