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El laberinto del Estrecho: dilemas y alternativas de EEUU frente a Cuba

  • Foto del escritor: Telediario Digital
    Telediario Digital
  • hace 2 horas
  • 4 Min. de lectura

Durante más de seis décadas, la política de Estados Unidos hacia Cuba ha oscilado entre la confrontación abierta y el deshielo cauteloso, sin que ninguna estrategia haya logrado plenamente su objetivo declarado: una transición democrática estable en la isla.


Hoy, frente a una Cuba sumida en su peor crisis económica desde el "Período Especial" y un flujo migratorio que rompe récords históricos, Washington se encuentra en una encrucijada que exige superar el binarismo ideológico para adoptar un realismo pragmático.


El fracaso del inmovilismo

La política de "máxima presión", reforzada durante la administración Trump y mantenida en gran medida por la gestión Biden, se ha basado en la premisa de que el colapso económico forzaría una ruptura política (la “implosión” del régimen). Sin embargo, la historia reciente demuestra que el endurecimiento del embargo no ha debilitado el control del Partido Comunista, sino que ha asfixiado a la incipiente sociedad civil y al sector privado emergente (las MiPYMES).


El costo de este estancamiento no solo lo paga el pueblo cubano con apagones y escasez; lo paga también Estados Unidos en sus propias fronteras. La falta de horizontes en la isla es el principal motor de una crisis migratoria que presiona la política interna estadounidense. Por tanto, la primera alternativa es reconocer que el statu quo ya no es una opción funcional para los intereses de seguridad nacional de EEUU.



Alternativa 1: El modelo de "Empoderamiento Selectivo"


Una de las posibilidades más viables es profundizar la estrategia de apoyo al sector no estatal. Al facilitar canales financieros directos para los emprendedores cubanos, Washington puede fomentar una clase media independiente del Estado. Esta alternativa busca una transformación desde adentro, donde la libertad económica actúe como el caballo de Troya de la libertad política. El desafío aquí es quirúrgico: ¿cómo ayudar al cubano de a pie sin oxigenar las estructuras represivas del gobierno? La respuesta reside en una regulación inteligente que permita el flujo de remesas y microcréditos específicamente destinados a proyectos privados verificables. Era la alternativa que se barajó durante el Gobierno de Barack Obama.


Alternativa 2: El Realismo Geopolítico y la Seguridad


En un mundo cada vez más multipolar, el vacío dejado por Estados Unidos en el Caribe está siendo llenado por actores como Rusia y China. Moscú ha condonado deudas y Pekín invierte en infraestructuras críticas. Ignorar a Cuba no la hace desaparecer; la empuja a los brazos de adversarios estratégicos.


Moscú ha reafirmado su papel como principal protector de la soberanía cubana frente a las presiones externas. En octubre de 2025, se ratificó un acuerdo de cooperación militar que incluye entrenamiento conjunto, suministro de tecnología y operaciones coordinadas. Algunos sectores del Kremlin han sugerido incluso el despliegue de misiles en el Caribe como respuesta a las tensiones globales. Asimismo, Moscú asiste en la modernización de la legislación represiva cubana para prevenir "revoluciones de colores".


Mientra tanto, Pekin combina el apoyo financiero con una presencia tecnológica que preocupa profundamente a Washington. Según informes de inteligencia de EE. UU. (2024-2025) señalan al menos 12 instalaciones de vigilancia en Cuba, incluyendo sitios en Bejucal y una nueva base cerca de la Bahía de Guantánamo equipada con potentes antenas para interceptar señales. También, China defiende el derecho al desarrollo de Cuba y rechaza las sanciones estadounidenses, enviando donaciones de alimentos y suministros médicos. Pero ni Rusia ni China salvarán a Cuba en esta circunstancia.


Una alternativa audaz sería retomar una agenda de cooperación en áreas de interés mutuo: lucha contra el narcotráfico, seguridad marítima y protección medioambiental. Este enfoque no implica validar el modelo político cubano, sino establecer mecanismos de comunicación que eviten crisis mayores y limiten la influencia de potencias extrarregionales en el patio trasero de Washington, que parece ser la gran obsesión de Trump hacia la región.


El factor de los Derechos Humanos

Cualquier alternativa estadounidense debe mantener la defensa de los derechos humanos como eje no negociable. No obstante, la diplomacia del megáfono ha mostrado sus límites. Una alternativa efectiva podría ser el "compromiso condicionado": ofrecer alivios específicos en las sanciones a cambio de pasos concretos en la liberación de presos políticos y la apertura de espacios de expresión. Esto requiere una diplomacia ágil, capaz de recompensar los gestos de apertura y penalizar los retrocesos, huyendo de la rigidez legislativa que a menudo congela la política exterior hacia la isla.


El mayor obstáculo para una política exterior efectiva hacia Cuba es la política interna de Estados Unidos. Florida sigue siendo el epicentro donde se deciden estas líneas, a menudo priorizando el rédito electoral sobre la eficacia estratégica.


Estados Unidos necesita una política hacia Cuba que sea menos un test de pureza ideológica y más un ejercicio de pragmatismo. Las alternativas están sobre la mesa: o insistir con la “solución militar” (que ya demostró no ser viable ni potable) o profundizar con alternativas que el propio Trump rompió hace siete años. El objetivo debe ser una Cuba próspera y soberana que no exporte migrantes por desesperación ni albergue bases de potencias rivales. Seguir haciendo lo mismo esperando resultados distintos es, en palabras de Einstein, la definición de locura. Es hora de que Estados Unidos entienda que debe cambiar el guion.

 

 

Pablo M. Wehbe – Profesor UNRC-UNVM

Columnista de Temas Internacionales en Canal 13

 
 

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