El fuego que arrasa todo: pueblos enteros, muertos y furia en el sur de Chile
- Telediario Digital
- hace 4 horas
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El sur de Chile atraviesa una de las peores tragedias ambientales de los últimos años.

Los incendios forestales que avanzan desde el fin de semana ya provocaron 21 muertes, destruyeron más de 800 viviendas y dejaron a más de 20 mil personas damnificadas, principalmente en las regiones de Biobío y Ñuble.
Las localidades más golpeadas son Lirquén y Penco, donde el fuego avanzó sobre zonas residenciales a una velocidad devastadora. En varios barrios, los vecinos apenas tuvieron minutos para escapar antes de que las llamas consumieran todo.
“Vamos a volver a construir y, si se viene otro incendio, otra vez se nos va a quemar todo”, relató Joaquín Torres, carpintero de 32 años, que solo logró salvar algo de ropa y su pequeño camión. Su testimonio resume el miedo recurrente de comunidades que conviven cada verano con el fuego.
El presidente Gabriel Boric volvió a recorrer la zona afectada y confirmó que el país sigue bajo estado de excepción constitucional de catástrofe. “Se sigue combatiendo el fuego y retirando escombros. La emergencia continúa”, afirmó, mientras comenzaba a llegar asistencia básica como generadores y baños químicos.

Según datos oficiales, más de 8.400 bomberos trabajan en el combate de los incendios, con apoyo de Carabineros y decenas de autobombas. Sin embargo, en las zonas más castigadas crecen las críticas por la lentitud en la respuesta, la falta de prevención y el avance del fuego sobre áreas forestales altamente inflamables.
En paralelo, la Justicia investiga posibles incendios intencionales. Dos personas fueron detenidas y en uno de los operativos se secuestró un bidón con combustible y envases con líquidos acelerantes. El antecedente inmediato es alarmante: en febrero de 2024, incendios similares en Viña del Mar dejaron 138 muertos, una herida aún abierta en la memoria chilena.
La tragedia vuelve a poner en debate el modelo forestal, los controles estatales y la responsabilidad política frente a un desastre que, año tras año, parece repetirse con consecuencias cada vez más graves.

