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Del interior al desierto: Leo Cola cumplió el sueño Dakar y lo convirtió en ayuda solidaria

  • Foto del escritor: Telediario Digital
    Telediario Digital
  • 11 feb
  • 2 Min. de lectura

El piloto e ingeniero agropecuario Leo Cola corrió el Dakar en Arabia Saudita y logró finalizar una de las competencias más exigentes del mundo. Además, impulsó una campaña solidaria desde Argentina.


Entre el 3 y el 10 de enero, Leo Cola vivió una de las experiencias más intensas de su vida: competir en el Rally Dakar disputado en Arabia Saudita. No es piloto profesional de tiempo completo, sino productor agropecuario e ingeniero, pero decidió ir por ese desafío que parecía lejano… y lo cumplió.


Su vínculo con las motos comenzó recién a los 25 años, casi como un hobby. Una carrera de enduro en San Luis fue el puntapié inicial. Con el tiempo, el sueño del Dakar empezó a tomar forma. Primero como algo imposible. Después, como un objetivo concreto.


Ya había tenido un intento en 2020 que no pudo concluir. Esta vez, en cambio, todo salió según lo planeado: sin grandes caídas, sin fallas mecánicas y con la fortaleza mental necesaria para atravesar jornadas de hasta 490 kilómetros diarios, entre seis y ocho horas arriba de la moto en pleno desierto.


En diálogo con Telediario Federal remarcó que el Dakar no es solo velocidad. Es estrategia. “Dividía cada etapa en tramos de 100 kilómetros”, contó. Fragmentar el objetivo fue clave para sostener la concentración en un entorno extremo, con amplitudes térmicas marcadas y exigencia física constante.

La preparación incluyó entrenamiento físico, trabajo psicológico deportivo y una logística compleja. La moto fue alquilada a un equipo español que brindó asistencia mecánica, un detalle fundamental para poder enfocarse exclusivamente en correr.

Las llamadas “etapas maratón” fueron de las más desafiantes: sin asistencia, en medio del desierto, con alimentación deshidratada y campamentos mínimos. Experiencia de supervivencia pura, compartida incluso con pilotos profesionales.



Pero esta travesía tuvo un plus. Leo impulsó una campaña solidaria vinculada a instituciones locales como la Granja Siquem, Ciudad de los Niños y la parroquia San Roque. Ya lo había hecho en 2020 con el Banco de Alimentos y decidió repetir la experiencia.


La respuesta fue inmediata. Redes sociales, medios y vecinos se sumaron. Y cada mensaje, cada aporte, se transformó en combustible emocional para seguir adelante cuando el cansancio apretaba.

“Veía que la campaña crecía y eso también me daba energía para terminar”, contó.

Hoy disfruta haber cruzado la meta. Un sueño que demandó años de preparación, sacrificio familiar y convicción. El futuro todavía no está definido. Habrá tiempo para decidir si vuelve a largar o si el Dakar queda como una meta cumplida.

Lo que sí dejó claro es que los grandes desafíos empiezan con pasos pequeños. Y que, incluso en el desierto más inhóspito, siempre hay espacio para la solidaridad.


 
 

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