Con un carrito y una sonrisa, conquista la ciudad vendiendo productos regionales
- Telediario Digital
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Empezó vendiendo puerta a puerta casi sin ventas y con muchas dudas. Hoy, recorre los barrios con productos regionales, clientes que la esperan y una convicción que no negocia: insistir hasta que las cosas se den.

Salir a la calle con un carrito cargado de miel, dulces, frutos secos y aceite de oliva puede parecer una postal de otro tiempo. Pero en Río Cuarto, esa escena tiene nombre propio: Gianduz Vanesa Melani, emprendedora que decidió cambiar la incertidumbre por acción y convertir la venta ambulante en un puente con la gente.
Su historia comenzó por necesidad. Trabajaba como empleada doméstica, pero los horarios y el cuidado de su hijo la obligaron a repensar el camino. Fue su suegro —con más de 50 años en el rubro de los productos serranos— quien la empujó a probar. Le regaló un canasto con mercadería y una frase que le cambió el rumbo: “Si te gusta, seguí la cadena”.
El primer día fue un golpe de realidad. Vendió muy poco. El segundo, nada. Ni un frasco de miel. Volvió a su casa con dudas, pero no con derrota. “Hay que insistir cuando algo te gusta”, repite. Y así lo hizo. Cambió horarios, probó otras zonas, aprendió a leer el ritmo de los barrios. Hoy sabe que después de las nueve y media las puertas se abren más fácil… y también las charlas.
Porque su emprendimiento no es solo comercial. Es humano. En cada recorrido encuentra historias, sobre todo de personas mayores que viven solas y agradecen esos minutos de conversación. En tiempos donde todo se compra con un clic, ella recupera el ritual de la puerta a puerta, la confianza y la sonrisa. “El producto lo puede vender cualquiera. Lo que marca la diferencia es quién está atrás”, dice.
Además del carrito, Vanesa suma costuras creativas y marroquinería en cuero. Bolsos, cartucheras y piezas hechas a mano amplían su universo emprendedor. Se organiza a través de redes sociales, anuncia los barrios que recorrerá y ya tiene clientas que la esperan cada semana.
Su mensaje es claro y contagioso: un mal día de ventas no define el destino. “Mientras haya salud, siempre se puede intentar de nuevo”. Y así, con fe, constancia y carisma, sigue empujando su carrito por las calles de la ciudad, construyendo algo más que un ingreso: una comunidad.

