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Bruno, el joven que desafió todas las barreras y llegó a la universidad

  • Foto del escritor: Telediario Digital
    Telediario Digital
  • hace 5 días
  • 2 Min. de lectura

Tiene 18 años, vive en Capilla del Monte y acaba de cumplir un sueño que durante años parecía imposible. Su recorrido expone avances, pero también deudas pendientes en materia de inclusión educativa.


Bruno tiene 18 años, síndrome de Down y un objetivo claro: estudiar diseño. Hoy ya puede decir que es universitario. Vive en Capilla del Monte y su historia no solo emociona, sino que también pone en discusión las barreras que aún existen en el sistema educativo para las personas con discapacidad.


El camino no fue sencillo. En diálogo con Telediario Federal, su mamá, Lucía Torres, contó que durante la infancia atravesaron múltiples rechazos: “En las escuelas tenían banco, pero cuando sabían que tenía síndrome de Down, directamente no”. La inclusión, hace 15 años, era más una excepción que una regla. Incluso, situaciones habituales en la niñez eran interpretadas de otra manera en su caso, generando exclusiones tempranas.

En la primaria, Bruno logró integrarse gracias a una escuela que adaptó el entorno, incluso con compañeros que aprendieron lengua de señas para comunicarse con él. Sin embargo, el gran obstáculo apareció en el secundario: los títulos tradicionales no siempre tienen validez para personas con síndrome de Down, lo que limita el acceso a estudios superiores o al mundo laboral.


La familia encontró una alternativa en una modalidad educativa internacional, con currícula abierta, que permitió a Bruno terminar sus estudios con un título oficial validado. Ese paso fue clave: le abrió la puerta a la universidad, algo que durante años parecía inalcanzable.


Hoy, ya cursando, la experiencia también muestra avances. “Nos sorprendió el equipo de accesibilidad, los recursos en braille, los códigos QR con lengua de señas. Es otro mundo”, relató su mamá. Bruno, por su parte, lo tiene claro: eligió diseño porque quiere crear ropa y ya viene desarrollando su propio emprendimiento, donde diseña mates y productos personalizados.

La historia rápidamente generó impacto, no solo por el logro individual, sino porque refleja una transformación social en marcha. También deja un mensaje directo a otras familias: “Nunca hay que perder de vista que hay una persona con sueños”, remarcó Lucía.


El caso de Bruno no es solo un final feliz, sino también un punto de partida. Expone cuánto se avanzó… y cuánto falta todavía para que historias como esta dejen de ser excepcionales y pasen a ser parte de la normalidad.


 
 

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