28 de enero: por qué la privacidad de los datos es un derecho y no un detalle técnico
- Telediario Digital
- hace 5 horas
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Cada mensaje, cada foto y cada clic deja información personal en internet. En el Día Mundial de la Privacidad de la Información, especialistas advierten sobre cómo esos datos se usan, se comercian y condicionan decisiones de consumo, política y seguridad.
Cada 28 de enero se conmemora a nivel mundial el Día de la Privacidad de la Información, una fecha que busca generar conciencia sobre el uso, la circulación y el valor de los datos personales en plena era digital. Lejos de ser un tema técnico reservado a especialistas, atraviesa la vida cotidiana de millones de personas.

Desde el uso de redes sociales hasta la realización de trámites, compras online o simples búsquedas en internet, los usuarios dejan huellas digitales de forma permanente. Ubicación, gustos, hábitos, vínculos y opiniones quedan registrados muchas veces sin que exista plena conciencia del alcance de esa información.
“Antes se pagaba por bancos de datos, hoy los regalamos”, fue una de las frases que resumió el fenómeno durante el análisis del tema.
La aceptación automática de cookies, el uso de aplicaciones que rastrean ubicación o la repetición de contraseñas débiles son prácticas habituales que exponen datos sensibles.
El origen de esta conmemoración se remonta a 1981, cuando el Consejo de Europa aprobó el Convenio 108, el primer tratado internacional para la protección de datos personales. En Argentina, ese marco se consolidó con la Ley 25.326, que reconoce el derecho de las personas a conocer, rectificar y solicitar la eliminación de la información que circula sobre ellas.
El impacto no es menor: esos datos permiten direccionar publicidades, contenidos políticos y mensajes personalizados que condicionan decisiones y consumos. En un contexto de avances tecnológicos acelerados, la legislación y los mecanismos de control suelen correr detrás de las prácticas del mercado digital.
Especialistas recomiendan medidas básicas como cambiar contraseñas cada tres a seis meses, utilizar claves seguras, leer las políticas de uso de datos y proteger todos los dispositivos personales. El desafío no es vivir con miedo, sino con mayor conciencia sobre la información que se comparte y el poder que tiene.

