El ADN de la Justicia

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Por Pablo Callejón

En el banquillo de los acusados no estarían sentados el asesino de Nora Dalmasso, ni los que habrían ayudado al viudo a definir el plan criminal ejecutado por uno ó varios sicarios. Tampoco se podrían advertir a quienes colaboraron para ocultar el crimen, borrar las pruebas, confundir investigadores, apretar testigos con discapacidad madurativa y sostener con dádivas los onerosos gastos de hotel de policías que buscaban perejiles. En ese banquillo, solo aparecería el médico traumatólogo capaz de pergeñar una idea criminal con desconocidos “altamente profesionales”, que habrían simulado un hecho de índole sexual donde quedarían rastros de ADN del viudo en el arma homicida y la zona genital de la víctima.

El fiscal Luis Pizarro negó en conferencia de prensa un apuro por desprenderse de la causa y aseguró que sus convicciones se basan en pruebas “documentales, testimoniales y periciales” de las que evitó hacer referencia. Pizarro desestimó el informe genético como certeza de presencia de Marcelo Macarrón en la escena del crimen y hasta calificó como una mera especulación de los periodistas que Nora haya mantenido relaciones el 25 de noviembre del 2006, cuando fue estrangulada sobre la cama de la habitación de su hija. “Hay ausencia de semen. No hubo acceso carnal, tal como en los medios se suele comentar. No me voy a explayar sobre por qué lo decimos, pero hay prueba en ese sentido”, aseveró.
Pizarro sostuvo que el viudo decidió planificar el crimen perfecto por “desavenencias matrimoniales y cuestiones económicas entre la pareja”. Para cumplir con su macabro objetivo, habría contactado a expertos en homicidios que “conocían perfectamente las condiciones de la casa y sorprendieron a la víctima”, en la noche tormentosa de un viernes de verano, en la que no funcionaron las cámaras de la exclusiva villa Golf.

Tras la decisión de Pizarro de imputar a Macarrón como instigador, el médico forense Martín Subirachs destacó en una entrevista a Póster Central que “todos los libros de medicina judicial del mundo determinan que el ADN es indicativo de la presencia del autor en la escena del crimen”. El médico ratificó, una vez más, lo que señalaron desde un principio junto al perito bioquímico Daniel Zabala: “en la zona genital de la víctima había semen y era contemporáneo a la muerte”.
El 27 y 28 de junio de 2007, Subirachs, Zabala y los forenses Guillermo Mazzuchelli y Virginia Ferreyra declararon durante más de 30 horas ante el fiscal Javier Di Santo. El informe sobrevivió a las fallidas advertencias de contaminación y la puesta en escena del perito Osvaldo Raffo y el investigador Raúl Torre, pero no pudo evitar las lecturas encontradas de fiscales que en apenas dos años convirtieron al viudo de asesino a instigador.

En noviembre de 2011, Subirachs ya había manifestado que “desde lo médico legal el crimen de Nora Dalmasso está resuelto” y resaltó que el Centro de Estudios Forenses de la Florida en Estados Unidos, había reconocido el trabajo de los especialistas riocuartenses a pesar de los intentos defensivos por desacreditarlo. La toma de muestras en la escena del crimen sobre la planta alta del chalet de la calle 5 se realizó del mismo modo y con los mismos instrumentales con los que trabajaron en cientos de intervenciones. Nunca antes los forenses habían sido cuestionados. Sobre el cuerpo de la víctima, en la zona genital y en el cinto de la bata con la que fue asesinada, había ADN de Marcelo Macarrón. No aparecieron rastros genéticos de ninguna de las personas que ingresaron a la habitación tras el homicidio. El dato parecía definitivo, pero no lo fue.
El médico Raffo había calificado el crimen como “un delito contra la integridad sexual seguido de muerte” y lanzó con una serie de fotografías las supuestas lesiones que habría sufrido Nora en un intento de defensa ante la agresión homicida. Los forenses riocuartenses rechazaron que las pequeñas hematomas en la cabeza y el codo pudieran ser consecuencia del instinto de Nora por repeler al homicida y lo evaluaron como otro intento “por debilitar nuestra pericia”

La idea de desestimar un acto sexual previo al asesinato había sido planteada por el abogado Enrique Zabala, en un intento por desvincular definitivamente del caso al pintor Gastón Zárate. Curiosamente, lo que logró sobreseer al Perejil y al hijo de Nora, Facundo Macarrón, fue el análisis de sangre y el cotejo con el ADN hallado en la escena del crimen. El mismo dato genético que hoy aparece insuficiente para inculpar al viudo.
Zabala necesitaba desestimar la relación sexual para evitar la hipótesis de una supuesta violación y decidió apelar a los fundamentos de la declaración testimonial de Macarrón: “Dalmasso nunca pudo haber llevado un amante a la casa, ni haber tenido relaciones sexuales en la habitación en la que se la encontró muerta. No hubo un homicidio para tapar una violación, sino simple y llanamente un homicidio”.

El 13 de diciembre de 2006, en una entrevista al diario La Voz del Interior, el bioquímico policial Daniel Zabala ratificó que “había semen en el cuerpo de Nora Dalmasso” y se mostró sorprendido por las conclusiones preliminares del Ceprocor, que en un primer ensayo no pudo establecer el ADN. «La técnica de fosfatasa ácida me dio entre 30 y 70 veces más de lo que se encuentra en sangre. Y 20 veces más ya es significativo de la presencia de semen», reveló.
El viudo había reconocido que mantuvo relaciones con la esposa antes de su viaje a Punta del Este para participar del único torneo de Golf que ganó en su vida. La defensa aseguró que los rastros del ADN de Macarrón pudieron permanecer hasta 96 horas en el cuerpo de la víctima, pero Subirachs advirtió que “si hubo un acto sexual tres ó cuatro días antes, por la ley de gravedad y la higiene personal no queda nada del semen, es una cuestión básica y elemental que señaló Newton”.

Como lo hicieron los fiscales que lo antecedieron, Pizarro armó su propio rompecabezas sobre el crimen de Nora Dalmasso. Sin una prueba clave, el fiscal apuntó a la ampliación de testimonios y la sumatoria de nuevos relatos para reconstruir su propia hipótesis y decidir enviar a juicio a Macarrón, como instigador del crimen de su esposa. La causa que ya tuvo cuatro imputados con cinco acusaciones diferentes, podría recaer en un proceso oral si la requisitoria logra superar las apelaciones defensivas y los dictámenes de la jueza de Control y la Cámara del Crimen. El expediente podría regresar a la fiscalía si los jueces advierten que no hay elementos suficientes para elevar a juicio ó creen que se debe profundizar la instrucción. En ese caso, la causa podría quedar en manos del nuevo fiscal Pablo José Javega.
A casi 13 años del homicidio del que habló el país, la decisión de llevar a Macarrón a juicio se fundamenta en una lectura que el fiscal Pizarro evitó revelar ante la prensa. Solo se refirió a misteriosos asesinos profesionales y cómplices a los que aún no pudo identificar. Una trama narrada en el pizarrón donde ya escribieron otros y dejaron las huellas del ADN de la Justicia riocuartense.

Foto: La Voz del Interior

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