La triste historia de Eneas, el joven que falleció tras ser atropellado y abandonado en el macrocentro

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Alejandra Elstein, directora del semanario Otro Punto, publicó en Facebook una reseña donde cuenta la historia de Eneas Agüero, el joven que murió en la madrugada de este domingo tras ser atropellado y abandonado en la esquina de Mendoza y La Rioja. Otro Punto lo había entrevistado en 2015 y en esa nota que lo presentaba como «un gladiador», Eneas contó su difícil vida y todo lo que hacía para mejorar la situación de él, de sus hermanos y de su mamá.

La nota completa:

-Mamá, ¿Viste quién es el chico que atropellaron?

-No,quién.

-El Eneas, el Eneas nuestro.

A Eneas lo conocimos mientras trabajaba en una obra en construcción frente a nuestra casa. Tenía 16 años y trabajaba como un hombre. Tenía una luz especial. Tal vez por eso, con tantos chicos dando vueltas en Río Cuarto en su misma situación, le propusimos hacerle una nota en el Otro Punto.

Aceptó contento. Como se lo veía todos días.

Escucharlo contar su historia era desgarrador. Eneas había nacido con el pie izquierdo.

Su nombre lo enorgullecía. Dijo que no conocía a nadie que se llamara como él. Su mamá se inspiró en un personaje del Nuevo Testamento. Eneas era un inválido que cuando se encontró con uno de los apóstoles éste le dijo: con fe y voluntad te levantarás. Y Eneas salió caminando.

Eneas tuvo una vida muy difícil, tanto que algunas de los capítulos que contó no se pueden publicar para preservar la vida de privada de su entorno.

¿Cuál era el mérito de Eneas? ¿Trabajar? No, haber podido levantarse y salir del submundo de un barrio marginal.

A los 12 años, mientras caminaba las calles del Alberdi, fumando alguna cosita, trasnochando, siendo un pésimo alumno en el colegio y haciendo renegar a su mamá, una reunión entre jóvenes terminó con su amigo muerto. Se asustó y se fue al campo.

Mientras aprendía de todo un poco, su papá se suicidó y su mamá quedó sola con tres hijos pequeños.

Poco a poco las cosas empezaron a cambiar. El y su mamá consiguieron trabajo, de vivir en dos piecitas comenzaron a vivir en una casita. A su hermano Alan, Eneas le trataba de enseñar algo de lo mucho que él había vivido. “A veces lo reto un poco. A veces se enoja y me contesta, pero estudia y yo le digo que si no quiere que le pasen las cosas que me pasaron a mí, tiene que estudiar”.

Eneas decía “yo no sé qué le pasa a los chicos. A lo que yo no le encuentro sentido es a que se tengan bronca solamente por vivir en otro barrio. Es como que nacen y ya desde chiquitos le dicen que tiene que tener bronca. Yo ahora prefiero pasar por pavo para no meterme en problemas y no creerme el vivo”.

Eneas buscaba el camino pero a veces se quedaba en el cómo. Estaba en eso. Quería volver a estudiar, quería ir a la escuela de sub oficiales, quería trabajar. Pero todo era difícil. “Por ahí me gustaría escribir un libro con mi historia, pero no sé cómo empezar. Tengo un montón de historias, tengo para hacer una novela, por lo que pasé y por lo que todavía me falta pasar”.

Esta fue realizada en agosto de 2015. Casi dos años después la vida volvió a golpearlo. Esta vez para siempre. En la madrugada del domingo un auto se lo llevó puesto y lo dejó estrellado –en su última batalla- sobre el pavimento. Eneas no va a poder escribir el libro ni levantarse como el personaje del Nuevo Testamento.

Alejandra Elstein, directora del periódico Otro Punto

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