Río Cuarto Decide – Jure y su batalla personal con De la Sota

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Opinión-

Juan Jure representa la generación de políticos que comenzó a emerger en los 90 y se presentó como alternativa a la vieja política. Un contraste que nunca resultó tan claro como intentó imponerse desde la consigna.
A los 43 años, aspira a ser reelecto como intendente, una posibilidad que ya ostentaron Miguel Abella y Antonio Rins, en dos oportunidades.   Cuando obtuvo en el 2008 un holgado triunfo en las elecciones municipales, superando al justicialismo en el bastión histórico de Alberdi, el país de crecimiento a tasas chinas confrontaba con piquetes de la patronal agropecuaria que cercaban rutas y disparaban los precios de las góndolas. El triunfo de Jure fue observado a nivel nacional como la primera victoria electoral anti k y su imagen recorrió los programas políticos de la Capital.
Con las finanzas en rojo, el gobierno municipal recordó en sus inicios el legado de Rins y se inició una guerra fría que duró, con variables de intensidad,  hasta el reciente acuerdo electoral, aún cuando muchos especulaban con la candidatura de “El Toño”.
En sus primeros 3 años, el gobierno  de Jure estuvo empecinado en crisis recurrentes, algunas producto de torpezas propias y otras, profundizadas por debilidades de gestión. La herencia del déficit en los controles a la construcción y los daños en viviendas linderas, la renuncia obligada de Gonzalo Losada, el impuestazo y la salida de Marcelo Terzo, el fin de la Mixta Vial y la paralización de las obras, la caótica negociación por Gamsur, el costoso fiasco de Innviron, el aún incomprensible proyecto del Banco Regional con los kirchneristas Accastello y Giacomino, el polémico proyecto sobre la venta callejera que no pudo encausar el uso del espacio público, la frustrada idea de una cochera subterránea, la entrega intempestiva del contrato de recolección de residuos tras haber asumido el lastre de un pasivo millonario, la compleja condición gremial y económica de EMOS y el indescifrable costo real de la deuda municipal, son parte del lastre negativo de la actual conducción.
Jure, quien reconoció a poco de asumir que debía aprender a ser intendente, aplicó en el tramo final de su gestión correctivos que buscaron superar la espiral de conflictos permanentes. La venta de terrenos para la construcción de viviendas, la ratificación de los programas educativos, la construcción de nuevos edificios oficiales –como el Registro Civil, la sede de Promoción Social o el edificio del PEAM, por ejemplo-, la expropiación y descontaminación de la Manzana 48 de la ex Aceitera, la profundización en los controles sobre la construcción – a pesar de la judicialización del Código de Planeamiento Urbano-, el despliegue en la contención social, y, sobre todo, la reactivación de la obra pública, apuntando a los servicios básicos y la pavimentación, removieron parcialmente los recuerdos de un gobierno tumultuoso. En el Palacio de Mójica no desconocen que Jure tiene mejor imagen que su gestión y que la oposición, sobre todo el peronismo, lo favoreció  durante 4 años por una pronunciada debilidad producto de la falta de representación y las contradicciones internas.
Con la cesión del servicio de Gamsur, el “oportuno” guiño del fiscal Walter Guzmán ante la denuncia del PJ y un programado raid de inauguraciones, Jure se aseguró una cierta calma en la previa electoral. El principal obstáculo para su sueño reeleccionista es reconocer cuál será el volumen de votos que trasladará la irrupción delasotista a la candidatura de Miguel Minardi. Un interrogante, que a 7 días de la votación, convirtió el sueño en pesadilla.

Por Pablo Callejón (callejonpablo@yahoo.com.ar)
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