Nueva profecía: se viene el fin del mundo…

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Por Alejandro Agostinelli | Ciencia bruja
Pese a que la humanidad superó airosa las tremendas debacles anunciadas para fines del siglo XXI, las predicciones apocalípticas persisten, quizás porque tienen más que ver con expectativas de cambios radicales y temores sociales ancestrales que con la credibilidad de los visionarios de turno. En otras palabras, el nombre de los profetas cambia y los vaticinios se reciclan. El pastor Harold Camping cosechó, a sus 89 años, una sólida reputación de pájaro de mal agüero al insistir por décadas en sus profecías. En los dos últimos años pregonó, con más fuerza que nunca, que el fin de la vida en el planeta Tierra «verdaderamente» iba a comenzar el pasado 21 de mayo, cuando un violento terremoto marcaría el inicio de la cuenta regresiva.
Aquel día, sus fieles, casi todos escuchas de su canal Radio Family, con sede en Oakland, California, EE.UU., pero con repetidoras en los cinco continentes, iban a ser salvados: creer en la palabra de Camping sería suficiente para que Jesús arrebatara el cuerpo de los elegidos en la última ceremonia de ascensión a los Cielos. Los no creyentes, por su parte, pagarían caro sus burlas viviendo un calvario de terror. El azote de un terremoto «y cinco meses de fuego, azufre y plagas» forzarían a los ateos, agnósticos y creyentes de otras confesiones a temblar de miedo por haber desestimado el oráculo matemático del profeta.
Evidentemente, no todo el mundo se asustó. Cientos de miles de «herejes» sin duda temblaron, pero de la risa. Sin embargo, en su revisión de la profecía, Camping respondió que el terremoto anunciado  había sucedido de veras, aunque más bien fue un «terremoto espiritual». En suma, el que se estremeció fue el hombre, no la Tierra. «Una interpretación crítica de dos palabras (‘terremoto’ y ‘rapto’) es el único cambio requerido para entender por qué las personas sin salvación se hallan viviendo en un mundo que no ha sido horriblemente destruido, y los elegidos no han sido arrebatados para estar con Dios. Siempre hemos interpretado la palabra ‘terremoto’ como temblor o sacudida violenta de la tierra. Sin embargo, en la Biblia la palabra ‘tierra’ puede incluir personas y también al suelo», explicó en su sitio web y en entrevistas. «Toda la humanidad -pontificó-, fue sacudida por el temor».

Afiche de una fiesta atea del fin del mundo
Movimientos contestatarios estadounidenses rechazaron el diagnóstico con una creativa campaña propagandística. Ese mismo día grupos ateos diseminaron ropas «desprovistas de sus cuerpos ascendidos», otros hicieron una suelta de muñecas sexuales infladas con helio a modo de parodia del arrebatamiento cristiano y no faltaron los que aprovecharon el anuncio para celebrar la fiesta del fin de mundo.
El reconocimiento a sus presagios tampoco fue para descorchar champagne. La única distinción pública que recibió Camping fue el Premio Ig Nobel 2011 (el anti-nobel a la ignominia) «para enseñar al mundo que debemos tener cuidado al hacer suposiciones matemáticas». El pastor no asistió a la entrega del premio, que compartió con Dorothy Martin (quien predijo el fin del mundo en 1954), Pat Robertson (en 1982),  Elizabeth Clare Prophet (en 1990), Lee Jang Rim (en 1992) y Credonia Mwerinde (en 1999). Sus aportes en el campo de las predicciones matemáticas quedaron claros; en rigor ya lo estaban, ya que Camping siempre fue un religioso, aunque pretendiese legitimar su cálculos con un título de numerólogo.
Como sea, el profeta terminó por aceptar que los salvos no fueron raptados ese día. «El arrebato de todos los elegidos significó que ya no habría más actividad de salvación de parte de Dios en ningún lugar del mundo. Todos y cada uno de los verdaderos creyentes ya están seguros eternamente con Dios en el cielo», una gracia que incluye a aquellos que siguen suplicando la misericordia divina. Para Camping, el «pavor» que habría desatado su profecía fue un dulce aperitivo previo a los hechos por venir. Porque la ira de Dios no se detendrá. «Hemos aprendido -escribió- que el mundo entero, todos los seres humanos, con excepción de aquellos individuos que al presente son salvos (los elegidos), se encuentran bajo el juicio de Dios, y serán aniquilados completamente junto al mundo físico en su totalidad el 21 de octubre del 2011.»
Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4

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