Primero el Pulpo, después el Burro y ahora el vaticinio del guanaco Zoilo: Argentina 2 – Bolivia 1

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Empieza la Copa América y, como el Pulpo Paul en el Mundial de Sudáfrica, como el Burro Andrés con la promoción entre River y Belgrano, se impone la necesidad de incorporar un bicho local, nuestro, eficaz en el presagio: el guanaco Zoilo.
Del problema nos saca el viejo Ermelindo, “criollo de tierra adentro, adiestrador de animales autóctonos en la tarea de la prestidigitación y el vaticinio”, como se presenta, ante nuestra sorpresa, bajando de un vetusto Mercedes 1114 reconvertido en un motor-home como el de los verduleros.
En la galería de animales que ofrece el viejo Ermelindo y que van con él en el vehículo se encolumnan un mono aullador, un pecarí, un ocelote, un puma, una alpaca, un cóndor, un oso de anteojos”, en fin. Hasta un sapo. “El sapo Pepe -lo presenta-: el original, el de la canción infantil”.
Ermelindo advierte nuestras dudas y demuestra: “¡Pepe, vení!”, y Pepe salta, salta. “¡Pepe, pará!”, y Pepe salta, salta. La exhibición nos conmueve y nos convence. De la larga fila de bichos autóctonos, sin embargo, no nos encandila el sapo sino un guanaco. “¡El Zoilo!”, exclama Ermelindo.
“Eligen bien, eligen bien. El Zoilo no sólo da el equipo que gana, señor: vaticina el resultado exacto y los autores de los goles”, dice.
“Lo crié con el método Betanwin. Como a los pollos, que les ponen rocanrol para estresarlos y que coman sin parar, al Zoilo lo tengo todo el día en la internet. Se me envició un poco el guanaco, para qué le voy a mentir: mire sino”.
“El 19”, grita Ermelindo, y de una serie de imágenes pegadas en la carrocería del 1114 el Zoilo escupe la de un pescado. “El 53”, dice ahora, y el Zoilo escupe la foto de un barco. “El 39”, termina, y Zoilo escupe hacia arriba simulando la lluvia.
Luego de un breve debate nos inclinamos, entonces, por el Zoilo, ejemplar único, parece, de la evolución de la fauna agorera.
Aunque le advertimos a Ermelindo: la posibilidad de que elija escupiendo, por ejemplo, una bandera, puede provocar incidentes diplomáticos. “Si usted quiere vaticinios protocolares vaya a buscar a un diplomático, don. Pero el Zoilo es un guanaco y el guanaco se expresa a los gargajos”.
La razón lo asiste, pero a nosotros también. Negociamos: que las opciones para el Zoilo sean las letras iniciales de los seleccionados que se enfrentan. Ermelindo acepta: el Zoilo no tiene problemas de alfabetización ni de ortografía.
Ante nuestra profunda expectativa, y resuelta la cuestión, Ermelindo dibuja en el piso del 1114 dos letras con tiza blanca: la A y la B. Argentina y Bolivia, protagonistas del partido inaugural de la Copa América. “¡Déle Zoilo!”, le ordena al guanaco, mientras el resto de su troupe zoológica sigue en silencio, inmóvil. Salvo el Pepe, que salta, salta.
El guanaco Zoilo entra en trance, emitiendo extraños sonidos guturales, con los ojos casi fuera de sus órbitas, hasta que dispara: primero dos escupitajos sonoros, precisos, casi sin interrupciones sobre la A, y un poco más tarde uno en la B.
“2 a 1 -dice Ermelindo-. Argentina 2 a 1. Argentina hace dos goles rapiditos y Bolivia descuenta antes del final”. Nos alegramos de antemano, convencidos d la capacidad del bicho. “Los autores de los goles, Ermelindo”, le recordamos.
Ermelindo se acerca al Zoilo: “Ajá”, dice una vez; “ajá”, va repitiendo, haciendo sí con la cabeza. Hasta que informa: “Batistuta y Balbo para Argentina. Angola para Bolivia”. Atrasa. El guanaco atrasa.

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