Opinión: «Japón no enfrenta otro Chernóbil»

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Por William Tucker – Publicado por Wall Street Journal

Pese a que miles de personas han sido declaradas muertas o desaparecidas, barrios enteros están en ruinas, y los incendios de gas y petróleo arden fuera de control, la cobertura mediática del terremoto de Japón se ha enfocado rápidamente en los problemas de tres reactores nucleares como el centro de la catástrofe.
En Estados Unidos, el representante Ed Markey, un oponente desde hace mucho tiempo de la energía nuclear, ha advertido de «otro Chernóbil» y predijo que «lo mismo podría suceder aquí». A consecuencia de esto, ha solicitado la suspensión inmediata de los procedimientos de concesión de licencias para el Westinghouse AP1000, un reactor de tercera generación en el que se ha estado sometiendo a la revisión del diseño en la Comisión de Regulación Nuclear durante siete años.
Sin embargo, antes de que respondamos con tal pánico sería útil revisar exactamente lo que está ocurriendo en Japón y lo que se debe temer de esta crisis.
El núcleo de un reactor nuclear opera a unos 287,7 grados centígrados, muy por debajo de la temperatura de un horno de carbón y sólo ligeramente por encima de la de un horno de cocina. Si no ocurre nada fuera de lo común, las barras de control se sueltan inmediatamente, cortando la reacción nuclear. No se pueden tener «fugas en un reactor», ni un reactor explota como una bomba nuclear. Un reactor nuclear comercial se parece a una bomba en lo que la vaselina se parece al napalm. Aunque ambos tienen su origen en la jalea de petróleo, pero sólo uno tiene material potencialmente explosivo.
Una vez que el reactor se ha apagado, allí todavía queda «el calor residual» de los rastros de otros isótopos radioactivos. Esto puede tomar más de una semana para que se enfríe, y las barras tienen que ser enfriadas constantemente con agua para evitar que se sobrecalienten.
En todos los reactores de segunda generación – los que operan en la actualidad – el agua de refrigeración se distribuye por medio de bombas eléctricas. Los reactores de tercera generación, como el AP1000 tiene un sistema de refrigeración «pasiva» en el que circula el agua por convención natural sin necesidad de bombeo.
Si las bombas de un reactor de segunda generación son eliminadas –como lo fueron en Fukushima Daiichi por el tsunami – el agua en el sistema de refrigeración se puede recalentar y evaporarse. El vapor resultante aumenta la presión interna que debe ser ventilada. En 1979 en Three Mile Island hubo una pequeña liberación de vapor radiactivo y también ha habido algunos escapes en Fukushima Daiichi. Estos producen una radiación al nivel de una radiografía dental de rayos X en las inmediaciones y se disipan rápidamente.

Si el refrigerante continúa evaporándose, el nivel del agua puede caer por debajo del nivel de las barras de combustible, dejándolos expuestos. Esto causará la fusión del reactor nuclear, al implicar que las barras de combustible se funden en el fondo de acero del tanque de presión. El gobierno japonés admitió que las barras se habían expuesto de nuevo hoy, pero no se ha confirmado si hubo fusión.
Inicialmente se especuló que en un caso como este el combustible puede seguir fundiéndose a través del acero y quizás incluso atravesando la estructura de hormigón de contención produciendo el llamado síndrome China, en el que el combustible se derretiría y fluiría fuera del edificio que lo contiene hasta llegar a China. Pero, el accidente de Three Mile Island demostró que esto no ocurre. Las barras de combustible derretido simplemente no están lo suficientemente calientes como para poder derretir el acero o el hormigón.

El calor residual aún debe ser absorbido, no obstante, y como un último recurso el núcleo del sistema de refrigeración de emergencia se puede activar para inundar con agua la totalidad de la estructura de contención.
Esto dañará considerablemente el reactor, pero evitará cualquier fuga de vapor adicional. Los japoneses han informado que han hecho esto utilizando agua de mar en al menos dos de los reactores con problemas. Estos reactores nunca más serán puestos en marcha.
Nada de esto es igual que «otro Chernóbil». El reactor de Chernóbil tuvo dos fallos fundamentales de diseño. En primer lugar, utilizó grafito (carbón) en lugar de agua para «moderar» los neutrones, haciendo posible la reacción nuclear. El grafito se incendió en abril de 1986 y se quemó durante cuatro días. El agua no se prende fuego.
En segundo lugar, Chernóbil no tenía una estructura de contención, y cuando se incendió el grafito, brotó una columna de humo radiactivo que se extendió por todo el mundo. Una estructura de contención habría sofocado el fuego y contenido la radioactividad.
Si se produce una fusión nuclear en Japón, será un desastre para la Tokyo Electric Power Company, pero no para el público en general. Cualquier escape de vapor tendrá un impacto ínfimo. Los investigadores han estado 30 años tratando de descubrir los efectos de las emisiones de vapor radioactivo en la salud tras el accidente de Three Mile Island y no han llegado a nada. Con las muertes, la devastación y las enfermedades que ahora amenazan a decenas de miles de personas en Japón, es trivial y casi obsceno pasar tanto tiempo preocupándose por el daño a un reactor nuclear.
Lo que ha demostrado el terremoto de Japón es que incluso las más antiguas estructuras de contención pueden resistir el impacto de uno de los terremotos más grandes de la historia. El problema han sido las bombas eléctricas que se requieren para operar el sistema de refrigeración. Sería trágico si el resultado del accidente de Japón impidiese el desarrollo de los reactores de tercera generación, que eliminan este fallo en el diseño.
Tucker es el autor de «Energía Terrestre: ¿Cómo la energía nuclear liderará la Revolución Verde». (Bartleby Press, 2010).

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