CARAMELO VELOZ

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Río Cuarto es nuevamente cuna de campeones.
No se trata esta vez de algún pibe que imitando a un Aimar o un Pereyra demuestre que el fútbol puede tener vida propia Río Cuarto es nuevamente cuna de campeones.
No se trata esta vez de algún pibe que imitando a un Aimar o un Pereyra demuestre que el fútbol puede tener vida propia; ni tampoco de alguien que demuestre que con un golpe de raqueta la pelota puede superar la velocidad de la luz, al estilo Calleri.
No señor, esta vez los laureles se los llevó Candy Ride un potrillo de estas pistas que apenas cinco meses después de haber corrido una «cuadrera» en General Cabrera, se dio el gusto de dejar asombrados a todo el ambiente del turf nacional al adjudicarse una de las carreras más importantes del país: el gran premio de San Isidro.
Y no fue por poco, el potrillo de las familias Alonso y Rizzo, le sacó varios cuerpos al segundo, en una extraordinaria demostración que no tiene precedentes cercanos, de acuerdo al análisis de los medios especializados a nivel nacional.
» es cumplir un sueño, toda la vida uno espera tener un caballo con estas condiciones. Y que me haya tocado a mí, poder cuidar a este potrillo es uno de los orgullos más importantes que he tenido», confiesa emocionado Daniel López, cuidador riocuartense.
La fama de candy crece a cada momento después de la carrera del sábado. Miguel Alonso la recuerda: » cuando veíamos que candy se acercaba a la linea de llegada, la emoción era enorme. Se trata de un triunfo muy importante para todo el turf del interior del país, que nunca había logrado algo así».
Seguramente la fama vendrá acompañada de algunas ofertas verdes, aunque » aún no tenemos una tasación del animal, si aparece una oferta tentadora nos sentaremos a analizarla» asegura Jorge Alonso.
Por su parte los especialistas dicen que el caballo puede tener una cotización superior a los 500 mil dólares.
Un campeón que vale lo que corre.

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