En Rosario se multiplicó el reclamo por Camila y la lucha de las mujeres

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Gisela Guzmán, integrante del colectivo Ni una Menos en Río Cuarto

Camila como bandera y una lucha que necesita ser escuchada – Pablo Callejón, Telediario

Texto completo del documento del 31º Encuentro de Mujeres en Rosario:

Aquí nos encontramos. Hace ya muchos meses venimos trabajando más de 200 mujeres para recibirlas, dedicando nuestro tiempo con alegría, dejando de lado lo individual para concretar este momento colectivo. Lo hacemos, como muchas otras lo hicieron y lo harán, con la confianza de que en los Encuentros se trazan los caminos para afianzar las importantes conquistas que logramos las mujeres en todos estos años; y con la certeza de que necesitamos del protagonismo de todas: de las trabajadoras; las estudiantes; las compañeras desocupadas; las campesinas; las mujeres de los pueblos originarios; las amas de casa; las sindicalistas; las docentes; las feministas; las familiares de víctimas de femicidio y de gatillo fácil; las mujeres trans; las mujeres en situación de encierro; las de organizaciones sociales y políticas; las de agrupaciones estudiantiles; las de organizaciones de derechos humanos, barriales, por la diversidad sexual; las mujeres migrantes; las mujeres afrodescendientes; las mujeres de agrupaciones culturales, por el derecho a la tierra y la vivienda, por el respeto al medioambiente, y tantas otras. Les damos la bienvenida a todas y cada una. Porque todas somos necesarias para transformar nuestra realidad y porque durante el Encuentro algo cambia en cada una de nosotras.
Aquí nos reunimos, en este Encuentro federal que no para de recorrer diferentes ciudades a lo largo y ancho del país. Plural, porque expresa las diferentes realidades de todas nosotras, donde cada una de nuestras voces es escuchada horizontal y democráticamente, porque nos autoconvocamos y autofinanciamos para construir este espacio colectivo, que nos pertenece a todas. Aquí estamos, un año más, tejiendo la historia de este enorme Encuentro, colorido y diverso, que desde hace 31 años nos reúne para pensarnos a nosotras mismas y al mundo que queremos construir. Aquí nos encontramos nuevamente, para fortalecer los lazos entre quienes conformamos este movimiento, para enfrentar y transformar juntas esta sociedad injusta, que agrava día a día nuestras condiciones de vida por el sólo hecho de ser mujeres.
Hace un año atrás en Mar del Plata, cuando se propuso nuestra ciudad como sede del 31º Encuentro Nacional de Mujeres, se hizo frente a la preocupación que teníamos sobre la situación local y provincial, situación que fue agravándose para los sectores populares y, particularmente, para las mujeres de nuestra región.
Es importante que recordemos qué significa Rosario en términos económicos y productivos para los poderosos del país. La Argentina sangra por las barrancas del Paraná. Por estos puertos de Rosario y su cordón, hoy en manos extranjeras, se llevan el 75% de la producción nacional. Por allí circula libremente el tráfico de armas y drogas y la trata de personas, que se han convertido en los negocios más redituables e impunes de los últimos años, para beneficiar a los ganadores de siempre: los grandes monopolios imperialistas, las patronales y los terratenientes. Mientras salen por los puertos de Rosario las riquezas que produce el pueblo, nuestra ciudad es el reflejo descarnado de un país donde, a la par de la concentración de la riqueza, crecen la desigualdad y el hambre. El Gran Rosario registró, en el segundo trimestre, el nivel más alto de desocupación: el 11,7%.
Nuestra ciudad se ha vuelto territorio de operaciones de bandas narcocriminales, un negocio millonario del que participan y son protagonistas policías, políticos de todos los niveles del Estado y empresarios, con la complicidad del Poder Judicial, mientras nuestras barriadas populares padecen los efectos más brutales de la devastación neoliberal. Las madres y las hermanas, las jefas de hogar, las abuelas son quienes se hacen cargo de las familias destruidas por la lógica de reclutar soldaditos y bandas, quienes sufren las principales consecuencias de estas violencias. Pero también son quienes encabezan las luchas por justicia y los reclamos frente a la violencia institucional al ver asesinadas y asesinados a jóvenes en manos de la policía. Con Elsa Godoy como símbolo, fallecida este año, homenajeamos a todas esas valientes mujeres que luchan por justicia.
A la vez, con la narcopolicía y los negociados, se reproducen y aumentan las formas de violencia hacia nosotras: los secuestros de mujeres de diversas edades para trata con fines de explotación sexual crecieron en los últimos años en Santa Fe, tanto en Rosario y ciudad capital como en los departamentos del norte. Nuestra región es, desde hace años, no sólo zona de tránsito y operaciones del entramado criminal de la trata, sino también de reclutamiento. Por año, se realizan 300 denuncias de mujeres que faltan de sus casas.
Con la excusa de la guerra contra el narcotráfico, hoy las fuerzas represivas inundan la ciudad. Por eso repudiamos la militarización de Rosario en manos del Gobierno nacional y de Santa Fe con Gendarmería Nacional y la narcopolicía, que tiene como objetivo fortalecer la política de mano dura y de persecución de la pobreza. Sabemos que esta militarización es la única forma que tienen de imponerle al pueblo las políticas de ajuste y entrega del Gobierno de Macri y los gobernadores, que golpean a los sectores populares y, con más saña, a nosotras, las mujeres, agravando las condiciones de vida y aumentando el hambre, la desocupación y la exclusión, dejando en menos de un año un millón y medio de nuevos pobres, profundizando el empobrecimiento que ya sufríamos.
Aquí nos encontramos, haciendo un gran esfuerzo, porque entre los despidos, que ya son más de 150 mil, se cuentan miles de mujeres que ya no tenemos un ingreso para poder alimentar a nuestras familias, a nuestras hijas e hijos. A esta situación inaceptable se le suman los efectos de la inflación, que más allá de los trucos y malabares que las mujeres hagamos para llegar a fin de mes, golpean implacablemente las economías familiares. En la cadena del ajuste, somos miles de nosotras las más perjudicadas, porque somos sostenes de hogares y de familias y debemos afrontar solas los costos de estos ataques. Y como esto si fuera poco, se suman los tarifazos de luz, gas y agua, con aumentos altísimos, mientras nuestros salarios no aumentaron más de un 30% respecto del año pasado.
El actual Gobierno acuerda con las grandes empresas el modo en que debe manejarse nuestro país, lo que atenta contra nuestra soberanía y provoca enormes daños al empleo, la industria, el bienestar y el futuro mismo de toda la Argentina. Deuda externa es una frase conocida y amarga para la memoria del pueblo. Estas políticas de ajuste y entrega no pueden aplicarse sin criminalización de la protesta social, por eso expresamos nuestra solidaridad con todas las personas, especialmente nuestras congéneres, procesadas y presas por luchar.
Todo este panorama, junto con el vaciamiento y achicamiento de los programas sociales, pone en peligro nuestros derechos básicos. ¿Y por qué la pobreza siempre nos afecta más a las mujeres? Porque somos las que nos encargamos de las tareas de cuidado de familiares, hijxs, ancianxs, enfermxs , y somos quienes sostenemos nuestros hogares cuando las transferencias de recursos a los ricos y poderosos atacan de lleno al pueblo trabajador. Nada de todo esto que Macri impone hubiera sido posible sin la complicidad de otros sectores políticos, y por eso necesitamos seguir organizadas y en la calle.
Las mujeres trabajadoras en nuestro país y en el mundo somos las que realizamos las tareas y cubrimos los puestos más precarizados. Frente a este hecho decimos: ¡basta de precarización laboral! Esto se agrava con la desigualdad salarial, y por eso pedimos que ¡a igual trabajo, igual salario!, y exigimos también el 82% móvil para las jubiladas, rechazando la suba de la edad jubilatoria y el vaciamiento de las cajas previsionales. Estamos hartas del acoso que sufrimos por parte de nuestros jefes, encargados, patrones. ¡Basta de acoso sexual en el trabajo! Para avanzar en nuestros reclamos de categorías para todas, jardines maternoparentales y licencia por familiares enfermos, necesitamos que los Gobiernos, las patronales y los sindicatos dejen de hacer oídos sordos. Por eso queremos avanzar en igualdad de oportunidades para la participación sindical. Por eso aprovechamos este Encuentro para reafirmar nuestro apoyo a la lucha de las fábricas recuperadas y a distintos sectores de la economía popular que se organizan día a día, como el caso La Toma (ex supermercado Tigre), MadyGraf, Zanon y otras experiencias. También queremos la paridad como un modo de fortalecer nuestros derechos políticos y laborales y nuestra representación en lugares de toma de decisiones.
Las mujeres también somos afectadas por la concentración de la tierra y la producción: en nuestro país, el 2% de los terratenientes concentran el 50% de la tierra. Esto deja como saldo la sojización, el monocultivo y la utilización de agroquímicos como el glifosato, que contaminan nuestras localidades y afectan gravemente la salud de las personas que las habitan. Contra la megaminería, contaminante y saqueadora de nuestros recursos naturales, las mujeres integramos los frentes de lucha y resistencia de nuestras comunidades, ante el avance devastador del extractivismo. Las economías regionales y los sectores de pequeños productores, como los tamberos, son los que más sufren la falta de políticas públicas diferenciadas, que pagan con su desaparición. Nuestras comunidades originarias han sido históricamente condenadas al desplazamiento y la falta de acceso a condiciones saludables de vida, que se traducen en muertes de nuestras niñas, como fue el caso de Matilde Sánchez, en la provincia de Santa Fe, muerta por hantavirus. Las mujeres originarias sufrimos una triple opresión: por ser pobres, por ser mujeres y por pertenecer a los pueblos originarios; la lucha por nuestros derechos y nuestra dignidad continua intacta después de más de 500 años de opresión.
La soberanía sobre nuestros cuerpos y territorios forma parte de una de las luchas centrales que, como mujeres del continente entero, venimos dando. Y no es una lucha nueva, sino que lleva siglos de resistencia. Por eso, aunque las condiciones de opresión hacia nosotras sigan existiendo, tenemos como fortaleza el aliento de todas nuestras antepasadas. A 200 años de la Independencia nacional, retomamos el ejemplo de nuestras libertadoras, de las mujeres originarias que se enfrentaron a la Conquista, de todas las luchadoras que, en todos estos siglos, alzaron nuestras voces en defensa de la dignidad. Todas las batallas de nuestra patria grande latinoamericana nos muestran a las mujeres encabezando la lucha, como en el caso de Berta Cáceres, referente hondureña feminista en la lucha por los Derechos Humanos, quien fue cobardemente asesinada por sicarios.
Las trabajadoras de la cultura, las artistas y las intelectuales no necesitamos de las grandes industrias culturales ni de los megaespectáculos que nos excluyen e invisibilizan nuestras producciones, pero sí necesitamos continuar generando espacios de difusión, producción, intercambio y aprendizaje. Por eso, en este Encuentro nos proponemos mostrar y revalorizar el trabajo de las productoras del arte, la ciencia y la cultura, aportando contenidos a nuestras luchas, simbolizando las alegrías y las tristezas de nuestro pueblo.
Los contextos violentos siempre traen aparejada mayor violencia contra las identidades femeninas. Las denuncias aumentan y los casos más terribles no cesan de multiplicarse, mientras que el Estado, en sus diferentes niveles, no genera respuestas ni abordajes integrales que se propongan cambiar la vida de las mujeres en situación de violencia. El Poder Judicial es cómplice, ya que garantiza la impunidad de violentos y femicidas. Es evidente la falta de voluntad política de los distintos Gobiernos que no implementaron ni implementan la Ley 26.485, ni destinan presupuesto acorde a las necesidades que tenemos. El machismo sigue matando, apuntalado y perpetuado por la cultura de la violación, tras la que se cobija el redituable negocio de mercantilizar los cuerpos femeninos. Ante los avances de las mujeres, el modelo patriarcal busca resguardar sus privilegios y reforzar nuestra opresión, y las consecuencias se ven en los números: una mujer muere asesinada en nuestro país cada 28 h sólo por el hecho de ser mujer. Nuestra lucha de Ni Una Menos, que surge luego del femicidio de Chiara Paez ocurrido en esta provincia, ya traspasó las fronteras argentinas y se convirtió en una consigna que se proclama en todo el continente: ¡no vamos a dejar que nos falte una mujer más por violencia machista! ¡Justicia por Paula Perassi!
También nuestra comunidad trans sufre los embates de la violencia institucional y la hipocresía de una sociedad que nos excluye. Si bien son amplios y firmes los pasos dados hacia la visibilización y la adquisición de derechos, aún falta mucho para lograr el acceso a la salud, a la educación y al trabajo en condiciones dignas y respetuosas de las identidades autopercibidas. A la vez, lesbianas y bisexuales quedamos excluidas del sistema de salud y de las instituciones educativas cuando se nos invisibiliza en nuestras existencias. Seguimos sufriendo discriminación; tenemos que ocultar nuestros afectos y deseos, ya que eso sigue siendo causa de despidos, violencia callejera, falta de acceso al cuidado para una sexualidad libre y saludable. En este Encuentro nos faltan dos compañeras históricas: Diana Sacayán y Lohana Berkins; nuestro homenaje es continuar sus luchas desde el amor.
En nuestra provincia, Ana María Acevedo murió víctima de cáncer por negársele el derecho a un aborto legal; el Estado y la Iglesia, sostenedores del patriarcado, se llevaron la vida de esta joven mujer. Sabemos que anualmente mueren cerca de 100 mujeres gestantes por abortos clandestinos. En Tucumán, Belén fue víctima de los mismos acuerdos que nos niegan a las mujeres el derecho a cuidar nuestras vidas y el acceso a la salud sexual y reproductiva. Estuvo injustamente presa durante dos años, y por eso exigimos la anulación de la condena y su inmediata absolución. ¡No queremos más mujeres muertas ni presas por abortar! Una parte de la Iglesia controla resortes sensibles de la educación, como la Educación Sexual Integral y cátedras en Derecho y Medicina donde se forman futuras abogadxs , jueces y médicxs. En los hospitales públicos, las y los objetores de conciencia niegan el acceso a los protocolos de salud y los abortos legales no punibles, culpabilizando y penalizando a las mujeres, como ocurriera con Yamila en nuestra ciudad. Por eso decimos que queremos un Estado laico y seguimos levantando nuestra consigna “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal, seguro y gratuito para no morir”. Hace años que se niega y obstaculiza la realización del debate parlamentario sobre esa ley que venimos exigiendo desde hace tanto tiempo, para poder decidir sobre nuestros cuerpos: la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Queremos rendir un homenaje a la compañera feminista, luchadora incansable por el derecho al aborto, Dora Coledesky.
Hubo un motivo que hizo que las rosarinas nos propusiéramos como sede del Encuentro en 2016: nuestra confianza en que podríamos hacerlo. El movimiento de mujeres y feminista tiene, en esta ciudad, una tradición de más de tres décadas de lucha, organización y articulación, incluso en el marco de las diferencias que, aun siendo numerosas, no nos paralizan.
Los Encuentros Nacionales de Mujeres en Rosario han sido, en las dos ocasiones anteriores, motivo de orgullo y celebración de la unidad, y puntos de inflexión en esta larga historia, la nuestra, la del movimiento, la de sus Encuentros. Estamos en la ciudad que, en el Encuentro de 1989, hizo frente a los indultos menemistas y luchó junto a las Madres y las Abuelas por la Memoria, la Verdad y la Justicia; que en 2003 dio el puntapié inicial para lo que un tiempo después sería la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Rosario, gracias a la lucha de las mujeres organizadas, fue declarada en emergencia en materia de violencia de género en 2012, y en 2016 aprobó el Cupo Laboral Trans a nivel ciudad.
Nuestro recuerdo a Graciela Benedetto, incansable luchadora por la unidad del movimiento de mujeres. También a Sandra Cabrera, coordinadora de un taller en el Encuentro de 2003 y referente de AMMAR Rosario, asesinada por denunciar los negociados de la policía: pedimos esclarecimiento de su crimen y justicia.
No hay mejor manera de enfrentarnos con quienes hambrean al pueblo, con quienes quieren seguir sometiéndonos, encasillándonos en roles que no elegimos y o en lugares de segunda, con quienes nos violentan y nos impiden decidir sobre nuestros cuerpos que apostando a la unidad, al Encuentro en la diversidad de miradas y de trayectorias. No hay mejor receta para seguir en la lucha que estando todas juntas.
En el Encuentro crecemos, aprendemos y avanzamos en descubrir el origen de nuestros sufrimientos y los responsables de tanto dolor que recorre la vida de cada una de nosotras, develando la doble opresión que sufrimos por ser parte del pueblo y por ser mujeres. El Encuentro será, como ha sido históricamente, el caldero para luchar y conquistar nuestros derechos.
Aquí las recibimos; las esperábamos con todas las ganas, con toda la alegría de saber que durante 3 días la ciudad nos pertenece a las mujeres. Tenemos 69 talleres, 120 actividades culturales, una marcha que promete ser inolvidable y una peña que nos hará bailar y disfrutar bajo las estrellas.
Costó mucho esfuerzo, pero sabemos que vale la pena. Este Encuentro ya deja de ser nuestro, ya es de todas, y esperamos vivirlo con intensidad, cuidarlo, que nos cuidemos entre nosotras, porque sabemos que el Encuentro molesta y que es posible que intenten provocarnos para perjudicarlo, difamarlo y quebrarlo. Esperamos que lo disfruten y se lo lleven transformado en fuerza para continuar la lucha diaria por un futuro mejor. Nuestra alegría es por recibirlas, nuestro fervor es por lo que crece, nuestra firmeza es por no ceder en lo conquistado y por conseguir los derechos que se nos adeudan. Así como en 1989, así como en el 2003, hoy les decimos: ¡Mujeres del país, a partir de este momento, EL ENCUENTRO ES DE TODAS!

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